Capítulo diez

2042 Words
¿No sucede que hay días en los que abres los ojos y ya sientes que odias a todo el universo? - Enviado a las 6:45 a.m.   Y ahí estaba otra vez, escribiéndole, en verdad había tenido algunos progresos, las conversaciones eran más fluidas, me acostumbré al sarcasmo empleado por ella, incluso yo lo usaba. Conversar con Rachel era como sentir el mar en tus pies después de caminar por la arena durante horas.   Su amistad me daba esperanzas, de que tal vez no todo estaba perdido para mí, la manera en la que Rachel cuida de Matt me da envidia, porque sé que nadie se preocupará de esa manera por mí jamás. Él no lo necesita, ya tiene padres, buenas calificaciones ¿también tiene que quedarse con la atención de la única persona que puede entenderme sin caretas? No tenía nada en contra de Matthew, lo considero un buen tipo, pero algunas veces, como ahora, llegaba a odiarlo.   Buenos días a ti también, y la respuesta es un rotundo sí. - Enviado a las 7:20 a.m.   Agradecía a la hepatitis por existir y alejarlo un poco de Rachel, si bien éramos amigos, no hablábamos en la escuela, dudo que ella lo desee, además no sabría cómo hablar cara a cara con ginger. Todo era extraño cuando se trataba de ambos. Pero me sentía cómodo, y no tenía intención de irme.   No me atrae sexualmente, y su físico no me llama la atención, sino ella, aquella energía que emana, esa oscuridad mezclada con bondad. Una combinación peligrosa, altamente adictiva, que prometía ser el comienzo de mi fin.   -       ¿Puedes dejar de verte como un idiota? Los demás ya están sospechando de lo tuyo con Rachel - dice Patrick con indignación.   -       No hay nada entre ella y yo - respondo - apenas nos estamos conociendo.   Nunca fui una persona totalmente abierta para hablar sobre mis sentimientos, mucho menos cuando ni siquiera los tenía claros, no me gustaba la manera en la que Patrick se refería a Rachel, pero tampoco deseaba pelear con las únicas personas que me toleran, y Dylan, por más tonto que sea no es un mal tipo, y sé que jamás lo admitirá en voz alta, y estoy seguro que no soy el único que se encuentra confundido por aquel desastre de cabello rojo y ojos café.   Aunque, a diferencia suya, haría lo posible para acercarme a ella, más que un deseo era una necesidad. No sé si como amigos, o como algo más, pero no dejaría que Rachel se aleje, y el primer paso debía darlo ahora. Ella necesita sentirse segura, algunas veces olvido que también tiene problemas, y por la manera en la que me evita, creo que tienen que ver con seguridad.   Camino a paso firme hasta la mesa en la que está sentada junto a una amiga suya, probablemente busque alejarme, como siempre, pero no se lo permitiré.   -       ¿De qué estamos hablando? - pregunté incluyéndome dentro de la conversación entre ambas chicas, Carly me recibe con gran entusiasmo, típico en ella, mientras que Rachel quiere matarme.   -       Creo que necesitas lentes - comentó - Te equivocaste de mesa, Luke.   -       Estoy exactamente en donde quiero, Rachel, aunque agradezco la preocupación - respondí dando toques en su hombro - Carly, no sé si nuestra querida amiga pelirroja te comentó que haré una fiesta este sábado, y están invitadas.   -       Claro que iremos - respondió amablemente - precisamente estábamos hablando sobre ello.   -       ¿Qué demonios haces? - susurró la pelirroja en modo de queja.   -       Te estoy demostrando que me importa.   … Ryalville Casa Hamilton, anochecer Septiembre de 2013   ¿Qué tan difícil suele ser convencer a un adolescente de ir a una fiesta en la que habrá drogas y alcohol gratis? En mi experiencia bastaba con avisar, pero cuando se trataba de Rachel Stone era toda una hazaña. Tardó días en aceptar una maldita invitación.   Una fiesta era la excusa perfecta para conocer más a una persona, y el alcohol ayuda a que el ambiente sea menos tenso, tan solo debía mostrarme seguro de mí mismo.   No recordaba haber invitado a tantas personas, sin embargo los dejaba entrar de igual forma, Luke Hamilton nunca deja que nadie se quede sin divertirse, hasta que todo se detuvo por un momento cuando ella llegó.   Alisó su cabello y traía maquillaje, caminaba sigilosa del brazo de su amiga Carly, saludando a unos pocos conocidos suyos, aunque parecía algo perdida, hasta me atrevería a decir que me estaba buscando con la mirada.   - Parece ser una buena chica, por favor dime que no planeas embriagarla o avergonzarla en frente de todos - dice Dylan impidiendo que me acerque.   - Está bien que sea un hijo de puta, pero eso ya es demasiado, jamás haría algo así - respondo un tanto ofendido, ¿qué tan mal concepto tiene de mí la gente de este pueblo?   -Bien, supongo que es la parte en la que te deseo suerte y te ayudo llevándome lejos a Carly - suspira resignado, quizá Rachel no le gustaba tanto, dudo que permitiera que me acerque a ella si sintiera algo fuerte.   - Eres el mejor amigo del mundo, Dy- espero unos minutos a que Dylan se lleve lejos a Carly, mientras consigo un par de cervezas, se vería mal que llegue con las manos vacías.   - Por un momento pensé que no vendrías - digo saludando.   - Carly prácticamente me trajo obligada - responde sacando su dedo medio - linda casa.   - Gracias, ¿cerveza? - le ofrezco, pero ella se negó.   -No gracias, así estoy bien.   - ¿No te gusta la cerveza? Quizá deseas algo más, en la cocina tengo tequila y...   - No, en serio no es necesario, yo no bebo - insite, haciendo que estalle en risas - ¿qué tiene de gracioso?   - Vive tu vida, Ray Ray, un trago no te hará mal - respondo acercando la cerveza hacia ella de nuevo, era prácticamente imposible que un adolescente no beba, y dudo que una chica como Rachel no  haya ido a una fiesta antes.   - Dije que así estoy bien, Luke, no insistas - reclama poniéndose seria.   - Vale, vale, aburrida, supongo que es mi día de suerte y tendré que tomar ambas - dije encogiéndome de hombros. Rachel negó con la cabeza y dio media vuelta. Se está yendo. - ¿Es en serio? ¿Te irás porque beberé?   - Fue una mala idea venir, eso es todo. Sé cómo funcionan las dinámicas de las fiestas, no sé en qué estaba pensando.   - Alguien en tu familia tiene problemas con el alcohol, es eso ¿no? - digo comprendiendo su actitud. Tenía sentido su aberración hacia las bebidas alcohólicas, había sido testigo de lo terrible que es lidiar con un familiar adicto, ¿Sería ese el inicio de todos sus secretos? Noté la tensión en su cuerpo tras mis palabras - Tranquila, no se lo diré a nadie, sé guardar secretos.   - Mi hermano tuvo algunos problemas, pero ya está bien, logró rehabilitarse antes de irnos de California.   - ¿Por eso se mudaron? - me atrevo a preguntarle, espero que entienda que yo también estaba dispuesto a contarle sobre mi familia, si es que no estuviera a punto de cambiar de tema.   - Sí, podría decirse que sí - responde suspirando - pero dejemos de hablar de mí, ¿no tienes una fiesta que atender?   - Fiestas así las hay todos los fines de semana, pero ¿Rachel Stone en mi casa? No es algo que se ve todos los días - digo haciéndola reír - para ser sincero, no me siento parte del ambiente tampoco.   - ¿Y eso? - pregunta entrecerrando los ojos, como si pusiera más esfuerzo del debido para escucharme.   - Ven, vamos al patio, no hay tanta bulla ahí - dije señalando el camino.   - ¿No es un plan de seducción o hay algún mensaje oculto dentro de esa frase verdad? - pregunta enarcando una ceja.   - Maldición Rachel, sólo intento hablar contigo y hacer que te sientas cómoda - bufé al responderle, sabía que debía tener mucha paciencia con ella, pero su continua desconfianza me sacaba de mis casillas.   - Lo siento, tienes razón. Vamos, quiero seguir apreciando tu casa, no tengo tantas oportunidades en la vida de estar frente a una mansión - se burla.   Esa noche descubrí que existe algo más fuerte y adictivo que un polvo blanco o unas botellas de licor, había algo más poderoso que rodearme de falsos amigos para obtener un poco de atención... Hablar con alguien que te entiende. Y es que no necesitaba ya conocer toda la historia de Rachel para saber que tampoco la había pasado bien, pero se esforzaba todos los días por cambiar el trayecto de su vida, no parecía ser de aquellas personas que se conforman. Ella era única.   La fiesta sí nos sirvió para acercarnos, logré quebrar esa barrera que ella se encargaba de poner entre ambos, y finalmente éramos abiertamente amigos, aunque otro problema vino en el paquete; mis sentimientos hacia Rachel no estaban claros, sólo sabía que necesitaba estar cerca suyo para sentirme bien. A su lado tenía la increíble sensación de pertenecer a un lugar.   Era muy bueno para ser verdad, en especial en la vida de una persona como yo. Mi sonrisa se borró al ver entrar a aquel castaño de cabello rizado y ojos verdes que había comenzado a odiar más que a nadie en el mundo. Matt volvió a la escuela después de contagiarse de hepatitis, y obviamente, Rachel era la más emocionada con la noticia. La presencia de este chico sólo dificultará mi relación con Rachel, para ella la opinión de Matt es casi una ley, y no soy su persona favorita en el mundo, aunque quizá los buenos comentarios de Carly puedan ayudar.   Intenté durante los primeros días de aguantar, pero era muy frustrante verlos juntos. Los dos emanaban una vibra distinta al estar cerca, quizá Rachel tenía razón al llamarlo alma gemela. Y odiaba tanto a Matt porque sabía que jamás podría tener algo así con ella, mientras él ocupe su lugar.   ¿Has escuchado sobre el efecto mariposa? El simple e inocente aleteo de una mariposa es capaz de desatar un huracán. En otras palabras, todo lo que haces tendrá consecuencias en el futuro, incluso la decisión más insignificante. Solía pensar que era una tontería de moda, pero marcó un antes y un después en mi vida. Al menos en la forma que veía lo que venía ocurriendo entre Rachel y yo.   Como ya se había convertido en costumbre estábamos en la cafetería el nuevo grupo de amigos: Carly, Matt, Dylan (que se unió inesperadamente no estaba seguro si lo hizo por mí o como una excusa  para acercarse a nuestra inquietante chica pelirroja), Rachel y yo, era una combinación extraña de personas, toda la escuela comentaba sobre ello, pero me importaba una mierda, por primera vez en mucho tiempo me sentía bien y no dejaría que unos cuantos rumores lo arruinen.   El aleteo de una mariposa parece inofensivo, y es algo que podemos observar diariamente, ¿seremos testigos quizá del presagio de alguna desgracia? Ante nosotros, tendríamos la evidencia de que se avecina un poderoso y destructor huracán.   Y al igual que en la teoría, bastó de un simple comentario para desatar la guerra; Carly era una de las personas más emocionadas con nuestro nuevo grupo, nunca comprendí la razón realmente, era una chica medianamente popular, del equipo de porristas, es decir, no le faltaban amigos… Quizá se sienta atraída hacia Matt, Dylan, o incluso yo, sería una gran mentira si brindara más detalles sobre ella, por muy guapa que sea, Carly tenía una personalidad típica de una adolescente promedio de un pueblo pequeño, nada fuera de lo común, o al menos que llamara la atención. Aunque destaco, sin dudas, su entusiasmo.   Mientras todos almorzábamos en la mesa de la cafetería, la castaña había empezado a organizar lo que haríamos el fin de semana, parecíamos no estar de acuerdo sobre el plan hasta que elegimos ver una película, sólo faltaba algo tan pequeño e insignificante como el lugar donde estaríamos juntos. .
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