Lucero y yo nos miramos, compartiendo un mismo pensamiento: esto se salió de control.
Pero lo que yo no contaba era con lo que iba a hacer Lucero.
—Métete a la piscina, ya vuelvo —me susurró.
La miré con intriga, pero obedecí. En cuanto el agua cubrió mi cuerpo, vi a Lucero moverse con decisión hacia mis hermanos.
Se hizo paso entre Marcus y Henry y los rodeó por la cintura con sus brazos.
—Chicos, tenía tiempo de no verlos… y más a ti, Jhampier. ¿Y así es como hacen un reencuentro? —su tono meloso y la manera en que les dedicó una sonrisa coqueta me hicieron abrir los ojos con incredulidad.
¡La maldita estaba coqueteando con ellos para distraerlos!
Lucero les hizo un puchero adorable, y yo tuve que aguantarme la risa.
—¿Qué tal si me invitan un trago?
Marcus frunció el ceño, Henry suspiró con resignación y Jhampier pareció completamente descolocado.
—¿Eh? —balbuceó Jhampier, mirándola como si no entendiera qué demonios estaba pasando.
—Vamos, chicos, no se hagan los difíciles —canturreó ella, tomando a Marcus del brazo y tirando de él suavemente—. No pueden decirme que no extrañaban mi compañía…
Henry me lanzó una mirada sospechosa, pero antes de que pudiera decir algo, Lucero lo atrapó también, enlazando su brazo con el de él.
Dante y Taylor observaban la escena con pura diversión en el rostro, y yo… bueno, yo aproveché la oportunidad para sumergirme en el agua antes de que alguien más dijera algo.
Lucero era un genio del caos y la manipulación. Y la amaba por eso.
Lucero siguió con su estrategia de distracción, y, para mi sorpresa, estaba funcionando mejor de lo que esperaba.
—Vamos, chicos, relájense un poco —dijo con una sonrisa traviesa, girando su mirada de uno a otro—. Solo estamos aquí para pasarla bien, ¿no?
Marcus soltó una risa nasal y cruzó los brazos, mirándola con interés.
—Eso depende… ¿piensas compensarnos por todos estos años sin vernos?
Lucero puso una mano en su pecho y fingió indignación.
—¿Así me reciben? Yo, que los extrañé tanto… —Hizo un puchero adorable, y Henry, que siempre intentaba mantener su actitud seria, rodó los ojos con una media sonrisa.
—No has cambiado nada —murmuró, pero su mirada decía otra cosa.
Jhampier, por otro lado, se relajó y la miró de arriba abajo con una sonrisa de lado.
—No, pero definitivamente mejoraste.
Lucero rió y los rodeó por la cintura con sus brazos, pegándose más a ellos.
—Ay, chicos, me encantan cuando son así de lindos. ¿Qué tal si me invitan un trago y recordamos viejos tiempos?
No sé cómo, pero los tres se la llevaron casi en volandas hacia la mesa con las bebidas, sonriendo como adolescentes frente a su amor platónico.
Aprovechando que estaban distraídos, decidí relajarme en la piscina. El agua estaba perfecta, y aunque mis hermanos podían ser un dolor de cabeza, no podía negar que esta reunión inesperada había traído una chispa de emoción que no esperaba.
Sin embargo, mi tranquilidad no duró mucho porque sentí una presencia cerca. Me giré y me encontré con Dante, que se había metido al agua sin que me diera cuenta.
—¿Huyendo, pequeña? —preguntó con una sonrisa ladeada.
Rodé los ojos.
—Solo aprovechando la distracción que me consiguió Lucero.
Él soltó una risa baja y nadó un poco más cerca. Demasiado cerca.
—Tu amiga es astuta, pero dudo que eso los mantenga alejados por mucho tiempo.
Tragué saliva, porque la cercanía de Dante comenzaba a afectarme de una manera que no quería admitir. Maldito y su presencia abrumadora.
—Lo suficiente para que pueda disfrutar un poco sin que me obliguen a ponerme un abrigo en pleno verano —repliqué, dándole una mirada de advertencia.
Él arqueó una ceja.
—¿Y qué harás cuando se den cuenta de que sigo aquí contigo?
Me encogí de hombros.
—Tal vez los convenza de que no eres una amenaza.
Dante sonrió con burla y se inclinó un poco más hacia mí.
—Oh, muñeca, yo soy una amenaza. Solo que aún no lo sabes del todo.
Mi piel se erizó ante su tono de voz, y antes de que pudiera responder, una ola de agua nos salpicó a ambos.
—¡Basta de coqueteo! —exclamó Taylor antes de lanzarse de bomba a la piscina, levantando una ola que casi me hunde.
Salí tosiendo y empujando el agua de mi cara, mientras Dante se pasaba una mano por el cabello, claramente molesto.
—¿Te volviste loco? —le gruñó Dante.
Taylor se sacudió el agua y sonrió como si no hubiera hecho nada malo.
—Tal vez un poco. Pero ¿qué puedo decir? No iba a dejar que te quedaras con toda la diversión.
Su mirada se posó en mí, y su sonrisa se volvió más traviesa.
—Después de todo, la pequeña Cora es demasiado interesante como para dejarla sola contigo.
Dante resopló, claramente irritado. Ambos me miraban con intensidad, como si fuera un premio en medio de su competencia silenciosa.
Lo peor es que sabía exactamente lo que estaba pasando. Los dos estaban jugando con fuego… y yo era la chispa.
No sabía qué hacer. Jamás había estado tan cerca de dos hombres de esa forma y, para colmo, en presencia de mis hermanos. Antes de que la situación se saliera aún más de control, Lucero saltó al agua y se colocó a mi lado con una sonrisa despreocupada.
—¿Qué tal si nos relajamos un poco? —dijo, invitando a mis hermanos a unirse.
Apenas se sumergieron en la piscina, Lucero me abrazó y me susurró al oído con diversión:
—Estoy tratando de salvarte de las llamas y tú vas y te tiras al infierno delante de tus hermanos.
No pude evitar reír ante su comentario. Sabía que estaba haciendo todo esto para alejarme de Dante y Taylor sin que se notara demasiado.
Para mi sorpresa, su plan funcionó. En cuestión de minutos, mis hermanos estaban relajados, conversando como si nada. No sabía qué les había dicho Lucero, pero había logrado calmarlos.
Después de un rato, ella anunció:
—Voy al baño, ya vengo.
Asentí sin pensar mucho en ello, pero cuando pasaron varios minutos y me di cuenta de que Henry tampoco estaba, una alarma se encendió en mi cabeza.
—Voy a buscar a Lucero —le dije a Marcus, decidida a salir del agua.
Él reaccionó de inmediato, nadando hasta mí y atrapándome por la muñeca.
—Quédate aquí, no tardará. Quizás está… ocupada.
Fruncí el ceño.
—Marcus, suéltame. No soy tonta, sé perfectamente dónde está y qué está haciendo Lucero.
—Tú haces lo que yo diga, hermana —espetó con firmeza.
Chasqueé la lengua, fastidiada, y me alejé de un tirón. Nadé hacia la orilla con la intención de salir, pero Jhampier se interpuso en mi camino con el ceño fruncido.
Mi paciencia se agotó.
—O me dejan salir… o me beso con uno de ellos dos —solté, señalando directamente a Dante y Taylor.