Subí corriendo a mi habitación con Lucero detrás, como si acabáramos de ganar una batalla secreta. Cerré la puerta y me tiré en la cama con una sonrisa de victoria. —¡No puedo creer que dijo que sí! —exclamé. —¡Eso fue magia pura! —añadió Lucero, sentándose a mi lado—. O sea, lo hiciste tan bien… te juro que por un segundo pensé que ibas a llorar. —Estuve a punto —reí—. Pero tenía que salir con dramatismo. Ahora sí, a planear la mejor fiesta del año. Saqué mi cuaderno de ideas, ese que guardo solo para cosas “prohibidas”, y empecé a anotar mientras Lucero me dictaba ideas. —Temática de antifaces, obvio. Que nadie sepa quién es quién... eso le da un toque misterioso y sexy. —Ya estás pensando mal —le dije dándole un codazo, pero sonriendo. —Ay, por favor, tú también quieres verte con

