CAPÍTULO 22 L a noche era cálida, y aunque le gustaba usar el aire acondicionado, Verónica prefería la brisa que venía con el viento. Sentada en el balcón, observaba el horizonte preguntándose cómo estaría su padre en ese momento. Ciertamente él estaba sufriendo y ella también por estar fuera, pero debía comportarse y aceptar las reglas de aquella situación. Ni siquiera sabía lo que estaba pasando. Todo le parecía extraño e infundado. Había confiado ciegamente en el detective y se había equivocado con él. Después de que el silencio y la noche se apoderaran de todo el lugar, Verónica regresó a su habitación, dejando la ventana abierta para que la brisa entrara y refrescara la habitación de forma natural. Así quizás podría dormirse enseguida. El sueño no llegó a cualquier precio y molest

