CAPÍTULO 24 E ra de noche cuando Verónica fue despertada por el ruido de los pájaros que se posaban en los árboles cercanos, haciendo su algarabía e indicando que era hora de retirarse. Tras unos minutos disfrutando de aquel canto se levantó de la hamaca y fue a darse una ducha para quitarse el calor y el cansancio. No estaba acostumbrada a no hacer nada en todo el día y su cuerpo parecía estar rindiéndose a ese sedentarismo, lo cual no era bueno. Cuando llegó a la cocina, la señora estaba haciendo la comida y la recibió con una sonrisa, mientras le ofrecía algunas golosinas que había traído. Agradecida, Verónica cogió un trozo de pastel y se lo comió. Tenía hambre porque no había comido bien durante la ausencia de la empleada. Cuando Douglas apareció en la puerta, procedente del exter

