AITANA Se encogió de hombros, haciéndose el cool, pero vi el brillo feliz en sus ojos mientras rellenaba nuestras mimosas. —El otro día cuando paramos a comer hamburguesas en la ruta, estaba ese lugar de patinaje, ¿te acuerdas? —Sí. ¿Y? —Y te pusiste toda nostálgica y con ojitos de hada y dijiste que extrañabas tus ruedas. —No me puse con ojitos de hada. Puse los ojos en blanco, pero tenía razón. Extrañaba mi patineta con ganas. Además de Cami y mi perro, era lo que más me costaba dejar. No la traje de gira porque pensé que no habría lugar ni tiempo para usarla. Me equivoqué. Hasta había pensado en comprarme una hace unas ciudades, pero después imaginé que sería complicado para Flynn hacer su trabajo si yo andaba en ruedas. —¿Cómo carajo va a seguirme Flynn en esto? Frené en seco.

