AITANA Cuando volvimos al hotel esa noche todavía me sentía mareada, colocada de aire fresco y de Elijah Colton. También me sentía confundida. Porque… ¿acaso acabábamos de tener una cita? Seguro, el rato en el parque podía considerarse lo de siempre: los dos haciendo demostraciones públicas de afecto para un público. Pero estaba jodidamente segura de que, salvo Jeff y unos pajaritos, no hubo testigos debajo de ese puente. Para cuando salí del baño lista para dormir ya me había convencido de que no había sido una cita. Fue un rato juntos y fue sexo, pero ¿acaso no tenían que estar los dos interesados en al menos la posibilidad de un futuro para llamarlo cita? Oí a Elijah hablando por teléfono en la habitación y, aunque no alzaba la voz, se notaba que estaba molesto. Hasta enojado. —

