—¡Anímate!—le decía su esposo camino al trabajo.—Si quieres puedes negarte a hablar con él, pero estarías evadiendo tu responsabilidad de acuerdo a lo que hiciste y no solo eso, jamás sabrías lo que él quiere decirte. —No me ayudas, Adrien.—se hundió en el asiento. Ya era jueves e iban camino al trabajo. Si todo salía bien, se tomarían la tarde para planear su viaje de aniversario, pero con aquella situación estresante, no podían avanzar en sus planes.—Soy consciente del daño que causé y lo menos que puedo hacer es tener esa charla con él. Seré fuerte. Es lo que me toca por…mis acciones. Cuando el coche se detuvo frente a la empresa, Valeria se sujetó al cinturón, pensando en no bajarse, contrario a sus palabras anteriores. Podía ver desde allí a su hermano, que probablemente estuvie

