Había pasado una semana desde el apresamiento de Elena. Algunas cosas volvían a la normalidad, como Valeria a su trabajo junto con Mía, su padre y su hermano. Sentía tranquilidad y cierto gozo al poder sentir toda esa paz. —Son los ojos más pequeños y hermosos que he visto en mi vida desde que nació Xavie.—decía su padre con Mía en las manos durante el descanso para comer.—Es un placer poder estar junto a ella.—tocaba la manita de su nieta y la besaba, Xavier también estaba atento a mirarla, esperando el turno para tenerla en brazos. Valeria comía con rapidez viendo que Mía ya empezaba a inquietarse. —Solo no quiere estar sentada.—Xavie la tomó y comenzó a dar pasos con ella en brazos. La bebé mostró sus encías con sus labios llenos de baba, mirando el rostro de su tío.—Hermana, cre

