Cuando me levanto al día siguiente, intento cubrirme lo más que puedo. Sinceramente, había sido la noche más especial de mi vida. Él me trata como si fuera una princesa, con mucho cuidado. Al principio, me dolió un poco, pero después pude disfrutar cada momento. Aun así, siento vergüenza, mis mejillas se encienden en el instante en que me pongo de pie y me cubro con lo primero que veo, unas sábanas que uso desesperadamente de su lado. Mis pasos resuenan levemente sobre la alfombra al colchonada poner la luz, que está apenas encendida. A pesar de ser de día, hay unas grandes cortinas que impiden la luz solar. Suspiro mientras la vergüenza se apodera de mí como un rayo de esperanza. Aunque sé que no debería sentirme así, él es mi esposo, pero me pregunto si ahora está corriendo con su amante

