“¿Dile que aborte?" propuse. Me miró sorprendido. “Tú no eres así, lo sabes," comentó. “Me da igual, estoy cansada de ser buena," dije en un momento con los ojos llenos de lágrimas, y me solté de su agarre. Él se quedó parado en medio de la sala mientras yo ingresaba a mi nueva habitación. Al día siguiente no fue mejor, me sentía demasiado triste por todo lo que estaba pasando. Decidí evitar el contacto con mi esposo a toda costa, aunque él siempre insistía en estar cerca de mí. Yo lo ignoraba por completo. No sabía en qué momento se casaría con la nueva esposa, pero al parecer no tenía intención de dejar a la embarazada. Además, ella era extranjera, lo que hacía que todo fuera un poco más extraño. Ni siquiera sabía si ella viviría aquí con nosotros, y él tendría que fingir que me cae b

