Henry Aproveché que salí a comprar para llamar a Maya. Estaba cabreadísima por lo que pasó con Lola. Pero por suerte todo se arregló. Yo la quería mucho. Después de comprar lo último que me quedaba, volví para casa de David. — Hey — le saludé entrando. Dejé el carro a un lado y empecé a llevar bolsas llenas de comida a la cocina. Las dejé encima la mesa y volví a salir a coger más bolsas de la entrada. — ¿Mas bolsas? — preguntó David curioso. Estaba pelando patatas. — La gente está loca tío, todo Dios está en la calle comprando — dije y volví a coger más bolsas. — La gente no tiene medida. — Yo no lo entiendo — dije y volví a entrar en la cocina con dos bolsas más — Todos comprando en el super como su tuviera de venir una guerra. — ¿Y la pasta para el caldo? — cuestionó David.

