Maya Los días iban pasando como si de páginas de un libro se tratarán. Ya estábamos a 29 de octubre, y el frío volvía a nuestros cuerpos. La relación entre Henry yo iba sobre ruedas. Quedábamos a escondidas tres veces por semana, obviamente sin que sus hijos lo supieran, y ya a veces hasta pasábamos la tarde juntos en su casa cuando sus hijos no estaban. Un poco arriesgado, pero era un plan muy cómodo. Hacía tiempo que no recibía mensajes de ese número desconocido, pero aún así seguía dándole vueltas. Tenía que averiguar de quién se trataba. El último fue hará un mes y medio. — Maya — me llama mi profesor de sociales y rápidamente centro la vista en él. Me había quedado pensativa mirando un punto fijo, y creo que el profesor se dió cuenta. — Perdón — me disculpo vergonzosamente,

