Caos los guiara justo donde debían estar. Porque al final, ese desorden que tanto temían no vino para destruirlos ni para hacerles daño: vino para enseñarles a vivir de verdad y para cambiar sus vidas para siempre, de la forma más bonita que jamás hubieran podido imaginar. Mía suspiró profundamente, sintiendo cómo todo su pecho se llenaba de una paz inmensa y una alegría que no necesitaba de nada más para ser completa. Había pasado tanto tiempo luchando contra lo que no podía controlar, gastando energías en intentar que todo encajara en un molde perfecto y rígido, sin darse cuenta de que la verdadera magia ocurría justo cuando todo parecía salirse de su lugar. —¿Sabes una cosa? —dijo ella, mirándolo con los ojos brillantes—. Antes creía que la felicidad era tener todo organizado, sin sor

