A medida que la manada se adentraba más en el bosque, Rifus podía sentir la energía del lugar. Cada árbol, cada rama, parecía tener una historia que contar. Era como si el Bosque de los Lobos estuviera vivo, respirando y palpando al ritmo de los latidos de sus habitantes. La noche llego a su punto más oscuro y silencioso. La luna iluminaba débilmente el camino de los lobos mientras continuaban su cacería. Rifus se dejó llevar por sus instintos, corriendo con agilidad y destreza entre los árboles. Podía sentir la emoción y la adrenalina recorriendo su cuerpo. Finalmente, al amanecer, la manada volvió a su guarida en el corazón del Bosque de los Lobos. Cansados pero satisfechos, se acurrucaron juntos, compartiendo el calor y la protección de su hogar. El Líder se acercó a Rifus y le susu

