Ramsés e Ícaro habían llegado a la casa de la manada con gran rapidez, pero al ingresar al lugar se encontraron con una escena un tanto confusa. Vera lloraba de manera desconsolada mientras que Hatice y Alexa la observaban con desprecio. Los dos fuertes hombres se acercaron, pero cada uno tomó una dirección opuesta, ya que Ícaro se encaminó directo hacia su mate, y Ramsés, por el contrario, caminó hasta llegar junto a una desconsolada Vera, que solo gimoteaba sobre el frío suelo. _ ¿Qué ha ocurrido? _ preguntó a la mujer, ayudándola a levantarse y acariciando dulcemente su larga cabellera. _ Es una fortuna que Isis no se encuentre, aunque estoy preocupada por ella, espero que no la vuelvas a ver nunca _ Hatice escupió con furia observando a su primo con desprecio. Ramsés entrecerró lo

