Capítulo 1: Llegando a ti.

1355 Words
Capítulo 1: Llegando a ti. 【Keigo】 —Keigo por favor… Ya vámonos de este lugar no hay nada más que escombros. — Me reprocha Alán cansado, no me importa si está cansado el deber aquí es asegurarse que no suceda nada fuera de lo normal. Estamos en un museo abandonado patrullando, en estas instalaciones tan deterioraras les gustan esconder o refugiarse los malditos demonios que envía Satán para desestabilizar el mundo. Me atrevería a decir que son sus preferidas con tantos años patrullando y protegiendo al mundo de esos vándalos he adquirido varios conocimientos con respecto a su actitud repulsiva. —Alán tenemos que poner algunos límites, uno: No me llames por mi nombre mientras que patrullamos o hacemos las tareas asignadas; dos: deja de estar quejándote que debemos cumplir nuestro deber y tres…— Detengo mis palabras súbitamente al escuchar que algo se mueve, le hago una ademán a Alán para que este alerta por cualquier ataque. Caminamos por los escombros donde yace la más oscuridad del lugar con un chasqueo invocamos la luz protectora de Dios la cual ilumina todo el lugar dándonos toda la visibilidad posible. Sacamos nuestras espadas, la paseo por mí alrededor barriendo todo el lugar con mi mirada. —¡Hawks atrás de ti!. — Me grita Alán que está adelante de mí. Volteo y el ser de alas oscuras se abalanza sobre mí. Tirándome al suelo con mi espada bendecida por las aguas del Edén, me tiene las manos en el cuello, el demonio que está encima de mí. —Recuerda esto Keigo, tu siempre serás parte de nosotros. — Musita para que nada más yo escuche sus blasfemias, hago un giro de muñeca que llega la punta de mi espada al centro de su pecho, sin pensarlo mucho entierro con todas mis fuerzas la espada, la cual rompe su centro de poder y con un estallido de energía Angelical rompe en polvo al ser oscuro. Toda la maldita suciedad cae sobre mí. Escupo tratando de limpiar mis labios de los restos del ser oscuro y me levanto limpiando mis vestiduras. —¿Por qué te quedaste de piedra y no me ayudaste?. — Inquiero viéndolo desaprobatoriamente. Guardo mi espada en su cacha, con mis dedos peino mi cabello hacia atrás asegurándome que ningún residuó del maldito quede en mí. —Veía que tenías la situación bajo control. — Miente lo veo en sus ojos temblaba de miedo. Lo ignoro, seguimos revisando el lugar hasta que nos aseguramos que está totalmente limpio de los demonios asquerosos. Salimos hasta quedar en medio de la calle, me estiro un poco sintiendo como mis musculo duelen por la jornada tan dura que nos ha tocado hoy. Veo a mis alrededores y no hay humanos cerca solo algunos borrachos que nos confunde por alucinaciones. «No tenemos que salir volando, podemos estar un rato más aquí». Pienso y empiezo a caminar en dirección a un parque que está cerca de aquí. Alán me sigue sin rechistar, caminamos en silencio dentro del parque, calmadamente me relajo nada más con el sonido del aire rozar con las hojas de los árboles, el canto de algunos búhos cerca de aquí. —¿Cuál es la facción que te gusta más?. — Me interroga Alán con un tono muy inseguro, es mi mejor amigo desde que tengo memoria todos las Ángeles de alas blancas me hacían Bullying por tener las alas de un color carmesí, me valía todo eso, sin embargo estar solo no era lo mío. Siempre intente acercarme a los demás pero recibía rechazos a cambio, por ello me volví más frío, con esos Ángeles de alas blancas y me enfocaba ayudar a los más chiquitos. «Eso me llenaba el corazón». Era lo único que me hacía sentir… aceptado de alguna manera. Dios siempre me decía que yo era diferente porque él quiso eso, que tenía una misión diferente a los demás. Que era especial, yo solo estaba molesto con él, no entendía el por qué y conforme pasó el tiempo madure y deje esas cosas a un lado, me enfoque en ser un ejemplo a seguir. —Me gustaría ser parte de la Corte de los Ángeles, yo nada más sirvo para combatir, jamás serviré para acompañar a alguien o seguir patrullando en el mundo terrenal. — Le miro parece que le asentó bien mi repuesta, seguimos caminando. A lo lejos veo a una chica con una camisa blanca con rayas delgadas rosas y por lo que veo un overol de mezclilla claro, suspirando, decido acercarme un poco, maldigo que mi olor de nacimiento sea algodón de azúcar. El olor de los Arcángeles es canela diría que ellos son los más fuertes, los de los Ángeles protectores del equilibrio es vainilla es la facción que le sigue a los Arcángeles si se trata de fuerza, los Ángeles milagrosos transmiten un olor a rosas blancas frescas y finalmente los Ángeles Guardianes al acercarse a humanos desprenden un olor a algodón de azúcar. «Yo sé que huelo a como los Ángeles Guardianes pero yo tengo la certeza que terminaré en la Corte de Ángeles». Me reitero Alán se queda a pocos metros de mí. Llego a estar a una distancia considerable de la chica, me percato que está llorando. Nuestra presencia también es sanadora y la mayoría de la veces nuestra luz hace que desaparezca cualquier pena que pueda cargar un humano. La chica está agarrando un papel con fuerza, me acerco un poco más para ver que dice solo que no visualizo las letras porque la luz que nos alumbra no ayuda. Intento calmar mi luz, no quiero que brille mucho ahora. — ¿Qué estás haciendo?, Seguro que el Ángel de la Guardia de esa chica está por llegar. — Me riñe susurronamente Alán. —Shh, cállate, es que… siento que debo estar aquí. — Le susurro de vuelta, me acerco a ella hasta poner mi mano en su hombro. Un aire pasa fuertemente por nosotros. Trago grueso, jamás había sentido está necesidad de acompaña a alguien. Menos si es un humano. Camino rodeando la banca y me siento junto ella. No sé si estoy rompiendo las reglas, solo sigo lo que dicta mi corazón. —No puedo permitir que mi familia se separé. — Dice entre sollozos la chica que está a mi lado. Unos impulsos hacen que lleve mi mano hasta su cabeza e imparta suaves caricias sobre su cabello. Ella de pronto dejó de llorar y como si me pudiera ver sus ojos se conectan con los míos. Abro los ojos como platos, con una expresión de inocencia en mi rostro me levanto de golpe y me aparto. Ella me sonríe como agradeciendo mi compañía, mi corazón por unos instantes siento que se detiene. Camino lentamente hasta quedar atrás del banco junto a Alán que tiene una mala cara con los brazos cruzados. Creo que me espera un sermón. —¡Vamos ya Hawks!. — Expresa con un tono muy enojado aun así sin levantar la voz. Le hago una seña con la mano para que espere un momento. Tomo fuerzas y me acerco otra vez a la chica. Acerco mi rostro a su oído. —Por favor vuelve a casa, todo estará bien, te lo prometo. — Al susurrar aquello, una corriente de aire choca contra su rostro lo cual la asusta un poco, se levanta y mira a todas partes con lágrimas en su rostro. Cierra sus ojos y asiente empieza a caminar. —Alán adelántate que yo me tengo que asegurar que llegué a casa. — Le ordeno con un tono neutral. —¿Desde cuándo te importan los humanos?. — Inquiere de forma sarcástica. —No te incumbe, ve que después te alcanzo. — Mando, mientras que aleteo un poco mientras que sigo a la chica a no sé dónde, a través de unas calles oscuras. « ¿Cómo iba a dejar que una chica caminase sola por estás calles de mala muerte?, sé que Londres es un lugar hermoso, pero tiene su lado oscuro». Le reprocho mentalmente a Alán que de seguro me escucha.
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