Un imprevisto

1299 Words
Aquel beso fue dulce, romántico, deseaba grabarse en el corazón, y lo logró. Seth, se alejó después de la despedida tocándose los labios, aún tenía la sensación en su boca, el aliento y el sabor de Abril; y por mucho tiempo, cada vez que cerraba los ojos, el recuerdo de esa sensación recorría su cuerpo. Abril, se fue caminando con una sonrisa en el rostro, una mano en el pecho y la otra en el estómago, aún tenía el corazón acelerado y el cosquilleo en el estómago; y por mucho tiempo, cada vez que cerraba los ojos, la memoria de aquella sensación recorría su cuerpo. La semana comenzaba común, escuela, casa, amigas. Además de haber descargado música de Pink Floyd, nada inhabitual había acontecido. Fue el jueves cuando Abril regresaba a casa de la escuela, que al entrar encontró una zona de batalla: ropa regada, libros tirados, jarrones hechos pedazos. Encontró a su madre llorando en el sillón, pero parecía una mezcla de enojo y tristeza. Abril de inmediato se sentó a lado de su madre, para abrazarla. -Mamá, ¿qué pasó? – -Tu padre y yo nos vamos a divorciar, ¿te quieres quedar o te vas conmigo? -Esas fueron sus palabras, directas. -¡Mamá no me puedes hacer esto! -Dijo Abril levantándose abruptamente del sillón, y comenzó a caminar con las manos cubriendo su boca. Sus ideas se atropellaban dentro de su cerebro: amigos, escuela… Seth. -Lo sé, lo siento; no hubiera querido que tu hermano y tú tuvieran que ser parte de esto, pero no puedo evitarlo – habló entre sollozos. -¿Ya lo sabe Augusto? -Abril se detuvo y miró a su madre, quien derramaba lágrimas que salían sin control. -Está arriba, en su habitación. -Abril subió las escaleras a toda velocidad y entró sin tocar la puerta. Lo encontró acostado en su cama, con los audífonos puestos y un brazo sobre los ojos. Se sentó a la orilla de la cama, en cuanto Augusto la sintió, se enderezó de inmediato para abrazarla y comenzó a llorar. Abril no pudo evitar derramar algunas lágrimas. Pasaron varios minutos antes de que se separaran. -¿Qué vamos a hacer? -Dijo Augusto desesperado. -¿De qué hablas? –Preguntó con dulzura. -Nuestros padres se van a divorciar, que hay de ti, de mí, se han olvidado de nosotros -Augusto tenía un nudo de sentimientos desbordándole el pecho, después de todo, sólo tenía 13 años. -¡Mírame! -Abril tomó por los hombros a Augusto. -Papá y mamá nos siguen amando, ¿entiendes? ¡Esto no tiene nada que ver con nosotros! ¡Y yo te amo! ¡Soy tu hermana y siempre estaré para ti! -Suspiró y lo volvió a abrazar. Luego de algunos segundos se levantó y comenzó a hablar dándole la espalda. -Sin embargo, si tenemos que tomar algunas decisiones. – -¿A qué te refieres? -Augusto sintió miedo al escuchar aquello, tal como sospechaba, la situación sólo significaba una cosa: ellos también se iban a separar. -Papá y mamá siempre han estado para nosotros, está vez nos toca cuidarlos; uno tendrá que irse con mamá y el otro quedarse con papá, no los podemos dejar solos en estos momentos - lágrimas escurrían por las mejillas de Abril, pero tenía que ser fuerte para su hermano, se las limpió y se giró a verlo de nuevo. -Será mejor que yo me vaya con mamá, tú quédate con papá - se acercó a Augusto y le sonrió. -Bien sabes que tú argumentas mucho con mamá -Augusto la miraba a los ojos, aquel intento de chiste, por un momento lo hizo sentir una alivio en su corazón y sonrió. Si bien era cierto que él peleaba más con su madre, Abril sabía que sería más fácil para ella adaptarse al nuevo lugar, cualquiera que fuera éste. -Está bien -Augusto estuvo de acuerdo y la volvió a abrazar. Entonces Abril se alejó unos centímetros y lo volvió a tomar de los hombros. -Tú y yo estaremos en contacto, ¿entiendes? No importa lo que pase más adelante, ¡búscame, siempre! -Abril lloraba cuando dijo eso, sonrió y salió de la habitación, para encontrarse a su madre haciendo maletas en la habitación principal, aún llorando. -Mamá, necesito saber qué fue lo que pasó - dijo Abril recargada en el marco de la puerta, viendo cómo su madre acomodaba la ropa. Entonces, su madre se sentó en la cama. -Encontré a tu padre con su secretaria en la oficina en una situación no muy propia - su madre suspiró, había explotado con Abril, había sido un impulso haberlo dicho, levantó la mirada y lágrimas se deslizaron por sus mejillas. -Definitivamente no deberías saber esto Abril, él siempre será tu padre y mi relación es aparte, ¿de acuerdo? - -Mamá, estoy consciente de eso, pero tal como dijiste soy parte de esto, necesito saberlo y tú necesitas hablarlo también -Abril se sentó a lado de su madre y sonrió de lado con tristeza. -Cuéntame, recuerda que en algunos años seré psicóloga, serás mi primer paciente - su madre sonrió y extendió su brazo a los hombros de Abril. Tenía razón, necesitaba sacarlo de su cuerpo. -Tu padre me vio cuando los descubrí; corrió tras de mí, pero le aventé un florero del escritorio de esa mujer. Y pues ya sabes que tengo buena puntería - rió con ironía, - le di en la cabeza. No me devolví para ver cómo estaba, salí del lugar y me vine para la casa. Llegó atrás de mí, tal vez unos 5 minutos de diferencia. Su cabeza tenía rastros de sangre, pero no me importó, comenzamos a discutir, me reprochó algunas cosas que ya estaban pasando entre nosotros desde hace algún tiempo atrás. Simplemente lo corrí de la casa, le lancé todas sus pertenencias, por eso está hecho un desastre la casa. Pero no me quiero quedar. Me voy a ir. Lo siento Abril - lágrimas salían sin control alguno del rostro de su madre. -Mamá, yo me voy a ir contigo y Augusto se va a quedar; no porque quiera separarse, sino porque pensamos que es lo mejor por el momento -Abril sabía que su madre estaba huyendo de la situación, pero pensó que tal vez la distancia y el tiempo los haría valorar su relación. Crecer, madurar. Esa fue una noche demasiado larga. Su padre no llegó a la casa. Los tres limpiaron el desastre, prepararon las maletas y compraron los boletos de avión para Ciudad Eta. El vuelo salía el mismo día a las 2pm. Desayunaron juntos, sería su último momento así. Decidieron reír, contaron anécdotas de cuando eran más pequeños, y algunas peleas que tuvieron entre hermanos. Hasta que el momento llegó, el taxi esperaba afuera de la casa, eran las 11 de la mañana. Mientras el conductor subía las maletas, ellos se despidieron. -Augusto, no le puedes decir a tu padre a dónde nos fuimos - le dijo su madre antes de salir de la casa. -Está bien mamá -Augusto asintió y se fundieron en un abrazo llorando. Fue un instante triste, tal vez injusto, pero la vida a veces así es, sin motivo alguno es lo que trae. Abril se acercó y abrazó a su hermano. Un hoyo n***o parecía tragarse el corazón. -Mamá no quiere que papá sepa nada de ella - le entregó su celular. -Cerré todas mis cuentas de redes sociaIes, guarda mi celular, mantenlo apagado, te llamo mañana que papá este en la oficina -Abril suspiró. -Llámalo, dile que nos fuimos y que tú estás aquí. Cuídalo mucho y dile que lamento no poder despedirme de él. - dijo derramando más lágrimas. Se esforzó para darle una última sonrisa a su hermano, se dio la vuelta y subió al taxi.
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