—Oh... Dios mío— jadeó mientras sus ojos trataban de abarcar todo a la vez. Después de detenerse en el solárium para recuperar el violín de su padre, David la condujo por el pasillo, más allá de la sala de entretenimiento y hasta el estudio de música más magnífico que jamás había visto. Dondequiera que mirara había algo que glorificaba el arte de la música. Desde el estéreo y el sistema de sonido casi de la era espacial, hasta el increíble piano de cola n***o en el medio de la habitación. Las docenas de estantes estaban llenas de viejos discos, CD y todos los libros imaginables escritos sobre música. David dio un paso atrás y le permitió la libertad de explorar, de pie en la puerta mientras la seguía con la mirada. Al hojear su extensa colección, la vio levantar una ceja cuando sacó un L

