Seguir en introspección

1662 Words
Continuación del Flashback Scarlette no sabe por cuanto tiempo nos estuvieron besando en medio de la pista, lo cierto es que como nunca antes ni con ningún otro hombre, disfrutó de este beso. Piensa que nada que ver con los besos que le han dado los chicos que han tenido oportunidad de acercarse a ella. Todo porque esto no es un simple beso. Aquí en medio de la pista, en la oscuridad, la complicidad que las luces bajas le impregnan al lugar, Maxwell le demuestra cuán hombre es, pasea sus manos por el cuerpo de la aturdida la mujer delgada, pero de cuerpo bastante agraciado, y lo peor de todo, ello se lo permitió. A su antojo masajea una y otra vez cada parte importante, despertando una pasión en ella que desconocía, un deseo que la lleva al límite, a querer más y más. De pronto, cuando el hombre suspira en su oído, Scarlette recuerda quién es él. Busco zafarse de su agarre, logra soltarse después de varios intentos, se tambalea y comienza a caminar con pasos torpes de vuelta a su mesa. —Scarlette —Escucha que la llama al caminar detrás de ella—. Debemos hablar. Lo ignora, al tiempo que sacude su cuerpo al sentir una reacción inesperada de su cuerpo, una especie de escalofrío comenzó recorrer toda su espina dorsal. «Carajo» Piensa por lo fuerte de esta reacción. —Tráeme otro coctel, por favor —Le pide al mesero que la viene atendiendo desde que llegó—. Mejor tráeme dos de una vez. Al comprender que necesito algo fuerte que le ayude a pasar lo que considera un malestar, piensa que fue atrevida. Jamás en la vida hubiera imaginado verse tomando tanto licor, y pidiendo de a dos al mismo tiempo solo para ella. Sacude la cabeza y luego se justifica mentalmente diciéndose que ya era hora que dejara los remilgos y se dejara llevar, si el cuerpo le pide licor y otras cosas más fuertes ¿Por qué negárselo si la vida misma ya le está negando el derecho de vivir una vida normal? Apenas el mesero se retira, Maxwell vuelve a cerrarle toda intención de mantenerse alejada de él, toma el rostro de Scarlette entre sus manos y de manera impulsiva sus labios abrazaron los de la chica en un beso hambriento, un beso demandante, exigente. Desesperado el hombre succionó sus labios una y otra vez, despertando más deseo del que ya ella había comenzado a sentir. Al no poder negarse, porque sintió la necesidad de probar más y más de él, rodeó su cuello con sus brazos y terminó de entregarse a la caricia que él le está exigiendo. Sin pudor alguno, al sentir que él apretó su abrazo, atrayéndola más y más a él, Scarlette confirmando su decisión de no negarse nada en esta noche, se restriega en contra de la rigidez de su abdomen y su tórax. —Grrr… —Escuchan a alguien aclararse la garganta al lado de ambos. Él fue el que separó sus labios de los de su compañera de travesuras, sin soltarla. —Aquí está su trago, señorita —Anuncia el mesero. Scarlette no lo miro, mantiene el rostro escondido en el tórax de Maxwell, no por pena sino porque el deseo que siente es tal que le cuesta mantenerme en pie, la necesidad de saciarse no le permite prestar atención a nada más. —Usted, ¿Va querer algo más señor? —Escucha ella que le pregunta el mesero al hombre cuyas manos insisten en acariciar su espalda de manera insistente mientras, supone ella, le presta atención al chico. —Sí, lo mismo —Le contesta Maxwell. Scarlette desconoce en qué momento el mesero se retiró, pero si fue consciente cuando Maxwell comenzó a besar su mejilla, buscando retomar el beso interrumpido. Comenzó por separar su rostro de su tórax, besar el borde de sus ojos y, luego bajar por su mejilla, toma su mentón y busca nuevamente sus labios en un beso tierno, lo siente aspirar su aroma para luego profundizar nuevamente en el beso. Fueron tropezados por alguien, y eso le sirvió a Scarlette para recobrar medianamente la cordura, recordó quién es él y quién es ella. Echa la cabeza hacia atrás rechazando el beso que tanto desea, y ha deseado toda la vida, solo que es algo prohibido. En cuestión de segundos, la mente de Scarlette se vio revolucionada en pensamientos que no hacen más que buscar una justificación para obligarla a no sucumbir al deseo que amenaza con doblegar su voluntad y hacerla olvidar la lealtad y las otras razones que tuvo para alejarse de él y Juliet, los mismos motivos que tuvo para hacer una vida en otra ciudad, una vida en la que no ha tenido más familia que Cinthya. No obstante ello, el mismo Maxwell en medio de la lujuria que transmite su mirada, tan oscura como el pasto en una tarde de invierno, al obligarla a mirarlo a los ojos, le dio la respuesta que no ella quiere aceptar en medio del aturdimiento que carga por el efecto de los cocteles y el sufrimiento que él mismo ocasiona al ser el culpable del despertar de tantas sensaciones que no había experimentado con tal magnitud en la vida. Cae en cuenta que si literalmente tiene los días contados, nada pierde con dejarse llevar si es la misma vida, esa que no la quiere más en este mundo, la que los puso aquí, la que los hizo coincidir, la que advirtió que entre los dos había una historia inconclusa que no merece ser dejada en el olvido, ¿Quién es ella para oponerse al destino? «Sí solo me quedan dos meses, perdón, menos de dos meses de vida, ¿Qué puedo perder si me dejó llevar? Total, ya estoy muerta en vida» Piensa buscando darse argumentos para acceder a dar rienda suelta al deseo que segura está no la dejará en paz hasta saciarlo. Reflexiva, aunque aturdida, estando aún en los brazos de Maxwell, Scarlette mira alrededor, y vuelve la mirada hacia él para comprobar que no deja de observarla como si analizara sus reacciones, como si esperara el momento justo en el que le diría algo. Tentada estuvo la chica de decirle la verdad sobre su estado de salud, pero el orgullo la detuvo, no quiere la lastima de nadie, mucho menos de él. «No, de él no quiero, sino que por lo menos una vez en la vida, me ame o finja amarme» reza en su mente Scarlette. —Permíteme —Le pide en voz pausada, mostrando el estado de ebriedad en proceso de recuperación. Maxwell accedió, la deja libre y volvió su cuerpo a la mesa, tomó uno de los cocteles, y se lo toma dándole tres sorbos. —¡Hey! —Maxwell llama su atención mirándola fijamente y al mismo tiempo que coloca su mano sobre el brazo con el que estoy tomando la copa—. Dale un poco más despacio. No te quiero ebria —Aduce con arrogancia en la voz. —¿Quién te dice que me vas a tener? —Cuestiona coqueteándole al revolotear las pestañas y torcer los labios buscando parecer sensual, sacando a relucir una faceta en ella jamás vista, ni siquiera sabía que podía llegar a tanto. Maxwell se sonríe, extiende su mano y comienza a acariciar la espalda de la chica mostrando su necesidad por ella. —Tú, tus gestos, tu cuerpo, solo falta que me lo digas con palabras —Aduce seguro de sí mismo. Toma la parte baja de la cabeza de Scarlette con una mano y la empuja hacia adelante para atrapar su boca en otro beso posesivo, ella no duda en responder sin necesidad de que haga algo más para exigir. —Ves —Señala él cuando corta el beso—. Solo dilo. Justo llega el mesero con su trago y ambos se dedican a tomar de sus vasos, mientras el gusanillo de la tentación hace mella en la cabeza y en el cuerpo de Scarlette. Un hormigueo extraño le pide indagar qué tanto puede darle este hombre prohibido y en la cabeza se repite una y otra vez que no perderá nada, ya lo más valioso con que contaba, tiene las horas calculadas, lo que diga el resto, no tiene importancia, y menos si nadie más que ellos dos se entera de esta pequeña aventura. Por impulso, Scarlette se toma el resto del trago, camina unos cuantos pasos hasta quedar de frente a él y sin medirse ni avisarle, se sienta en sus piernas y cuelga sus brazos por en el cuello del corpulento hombre. —¿Si lo mantenemos en secreto? —Le pregunta en voz seductora—. Solos tú y yo sabremos de esto —le dice de manera persuasiva y esta vez es ella la que lo besa con pasión—. Nadie, absolutamente nadie, ni Juliet, nunca, pase lo que me pase, deberá enterarse de que le hicimos esto. ¿Lo prometes? Maxwell no le respondió en seguida, se quedó mirándola con expresión de confusión, como sino entendiera lo que le dice la chica. «¿Cómo no ha de entender? Cómo no ha de entender que Juliet su esposa, este yo o no, no debe enterarse que le fue infiel y yo desleal» Declara Scarlette en su cabeza aturdida. —Vamos —Se pone de pie y la toma de la mano para llevársela arrastras esquivando la multitud —. ¿A dónde? —Le pregunta Maxwell cuando llegaron a la entrada del club. —A mi habitación del hotel —Sugiere Scarlette decidida a cumplir este sueño que, aunque no estaba incluido en su lista de cosas por hacer antes de la partida fatídica, reconoce que es el mejor de todos los que con esmero se dedicó a enumerar la misma noche del día en el que le dieron la lamentable noticia. Fin del Flashback
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