Mi corazón no deja de latir fuertemente, y temo que en algún momento se salga de mi caja torácica. Estoy congelada en mi lugar sin haber procesado aún lo que Carol acaba de preguntarme, todo en este instante parece que se ha detenido, que incluso había olvidado que mis padres están presentes escuchando nuestra conversación. «¡Maldición, ella me vio!» —La viste haciendo, ¿qué? —cuestiona la voz de Sebastián, con tono severo. Cierro mis ojos con fuerza. Lo que me faltaba. Un silencio tenso y pesado se instala en el ambiente. Yo no puedo moverme, no puedo decir nada e, incluso puedo casi jurar que tampoco respiro como se debe. Estoy atrapada en un muro que poco a poco se va cerrando y va a asfixiarme. Una punzada se hace presente en mi cabeza y es entonces cuando me doy cuenta que es

