—Hendry, estoy en apuros. ¿Puedes venir a ayudarme? La voz de Cecilia era llorosa. Siempre había sido dominante. Rara vez se mostraba así de frágil y débil. En este caso, Cecilia pensó que Hendry definitivamente tendría un corazón blando. Había aprendido mucho de Alondra. A ella también se le daba bien actuar con suavidad. Sin embargo, la voz de Hendry no era tan nerviosa como Cecilia había imaginado. En cambio, era fría y distante. —¿Qué problema? —Yo... no puedo explicártelo por ahora. ¿Puedes venir ya a la casa de subastas? —¿Cómo sabes que ahora no estoy en la casa de subastas? —Mamá... —Tú obligaste a mamá a hacer eso, ¿verdad? Cecilia estaba estupefacta. En la voz de Hendry, oyó ira contenida. Debía de saber la verdad. Finalmente, Cecilia entró en pánico. —No, Hendry, esc

