Diez minutos más tarde. Hendry recibió una llamada de Alondra. No quería Tomarla, pero el teléfono seguía sonando, como si Alondra no fuera a dejar de llamarlo si no contestaba. Hoy era un día especial, y Hendry estaba un poco preocupado por la seguridad de Alondra. Tras dudar un buen rato, por fin tomó el teléfono. Inesperadamente, había un hombre al otro lado de la línea. —¿Hendry? —Era una voz masculina falsa. —¿Quién es? —Hendry frunció el ceño. El hombre no respondió a la pregunta de Hendry y se limitó a decir. —Alondra está ahora en nuestras manos. Si quiere que esté a salvo, prepare un millón y medio de dólares. Hendry se dio cuenta de que algo iba mal. Hizo un gesto a todos para que detuvieran la reunión mientras creaba un documento en blanco en el ordenador y escribía en é

