Había al menos treinta escalones en la entrada. A Alondra la empujaron desde lo alto y tenía la cara muy magullada, por no hablar de otras partes. Un hilillo de sangre manaba de su nariz y su delicada carita estaba completamente cubierta de moratones. Hendry sostenía a Alondra en alto, con la mirada fija en la espalda de Kaylah, sin atreverse a bajar la vista hacia Alondra. Porque temía no evitar tirar al suelo a la mujer que tenía en brazos. Alondra parecía un desastre. —Hendry... Duele tanto. Alondra odiaba tanto a Kaylah. Sin embargo, nunca habría soñado que la siempre sumisa mujer se volvería un día tan fuerte y cruel. El plan de Alondra para inculparla no funcionó. Y lo que era peor, Alondra sufrió una gran pérdida. Hendry frunció el ceño y llevó a Alondra al coche. —Primero

