Kaylah se mofó para sus adentros. —Claro, por supuesto. Me escucha en todo. Y no me pone restricciones. Mi vida ahora es cientos de veces mejor que mi vida en la familia Lowery. Hendry volvió a guardar silencio. Kaylah pensó en su fuero interno que le diría palabras duras a Hendry si no dejaba de indagar. No podía creer que Hendry siguiera fingiendo que no había pasado nada. —En aquel momento… Éramos mi familia y yo los que estábamos equivocados. Después de un largo rato, Hendry se limitó a escupir esta frase. Kaylah no sabía qué decir y se sentía muy impotente. La mirada de Hendry recorrió la muñeca de Kaylah y de pronto dijo —La pulsera no está mal. ¿Es un regalo suyo? Sintió una gran amargura en el corazón. Sentía como si siempre hubiera llegado un paso tarde. —Esto es cosa m

