Tras un pequeño silencio entre los dos, me percaté que él me daba tiempo a calmarme y aquello me resultó muy dulce de su parte. Levanto la cabeza y noto que me está mirando por lo que le señalo que venga a sentarse junto a mi. Se acerca muy cautelosamente, lo veo nervioso y tratando de calmarlo un poco le sonrío y le doy una palmadita al colchón para que se siente a mi lado. – ¿Qué es lo que mi padre quiere decir? Porque insinuó muchas cosas – Sonríe. ¡Me fascina cuando lo hace! – ¡Ay nena! – me dice y luego me abraza, aunque rápidamente me suelta y de un salto me levanta de la cama. – ¿Qué haces? – digo confundida. – Estás sucia, así que no quiero un abrazo tuyo y en ese estado tampoco puedes sentarte en la cama. Lo miro sorprendida ¿Es una broma? Ahora es él, el delicado.

