Después de acompañar a Jesús a darle de comer a los becerros y ver como le ponían vacunas a algunas de ellas, me fui a la cabaña, empecé a acomodar mis cosas en mi maleta, quería dejar todo listo, solo deje ahí afuera lo que me pondría para la cena. Deje acomodadas mis cosas en un rincón, me bañe y me cambie, me puse un vestido blanco de tirantes y cuello “v” unos zapatos dorados y el cabello suelto. Escuche que tocaron la puerta, vi el reloj de la cocina y eran pasadas las cuatro, se me hizo raro no ver a mis amigos, cuando abrí la puerta, mire a Jesús con una jaula. — Waw, ¡Radiante! — ¿Crees que es mucho? — No. Vas sencilla pero elegante, mucho más que la pasioncilla — ¡Gracias!— lo guie a un lado de la cabaña donde le mostré el lugar donde estaba el zorro, al llegar vimos vario

