HARPER El silencio en la mansión de Liam en Santa Mónica era diferente al de mi pequeño apartamento, aquí el silencio tenía eco. Los techos altos, los pasillos anchos y la seguridad de última generación hacían que la ausencia de su dueño se sintiera como un vacío físico. Habían pasado tres días desde que se fue a Brasil, tres días en los que mi teléfono no había sonado, tres días viviendo en su casa, durmiendo bajo su techo, protegida por su dinero, pero completamente ignorada por él. Estaba en la cocina una isla de mármol blanco inmaculado que parecía demasiado fría para un desayuno familiar. - ¿Papá? —preguntó Leo por décima vez, golpeando su cuchara contra el plato de avena. - Papá está trabajando, mi amor —le repetí, sintiendo una punzada de culpa. Leo se había acostumbr

