CHLOE Nueva York. Estaba de pie en medio del local vacío que pronto sería la tienda insignia de Davis Couture. Había polvo de yeso en el aire, cables colgando del techo y un equipo de contratistas gritando en tres idiomas diferentes, pero para mí, era el sonido del éxito. - Quiero esa pared de espejo —instruí al capataz, señalando el fondo—. Y la iluminación tiene que ser cálida, nada de luces de hospital, quiero que la gente se vea guapa cuando entre aquí. - Señorita Davis, eso costará extra... - Páguelo —dije sin pestañear—. No vine a Nueva York a jugar a las tiendas de descuento. El capataz asintió y se alejó. Suspiré frotándome las sienes, estaba agotada, reconstruir mi vida desde cero era más difícil de lo que admitía por teléfono a Harper, extrañaba California,

