Cameron Price observó el cielo, atrapada por las grandes y esponjosas nubes que danzaban tranquilas. Los cálidos días de verano por fin habían llegado y gracias a sus amigos, ella estaba ahí para disfrutarlos. —¡Hemos llegado ya! Pablo y Tyler atravesaron la puerta, llevando consigo algunas bandejas llenas de comida. Tras ellos Marlon entró también, cargando consigo a su pequeño cachorro y un par de refrescos. —Han tardado demasiado —Amanda frunció el ceño, indignada al verlos llegar tan tarde—, ¿en dónde estaban? —No es mi culpa —Tyler rodó sus ojos con fastidio, tomando asiento a su lado y colocando algunas de las bandejas por el suelo del cuarto—. Este par de idiotas no pueden hacer nada bien. Se pusieron a jugar y armaron un desastre. —Lo sabemos —Cameron se apartó de la ventana
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