POV DE ADRIÁN Dejo el móvil sobre el escritorio, tras enviar ese mensaje. La superficie de cristal refleja mi rostro tenso. El dispositivo vibra levemente. Con un movimiento deslizo el dedo sobre la pantalla para silenciarlo, necesito ese espacio mental que solo el silencio puede proporcionarme. Me giro en la silla con la vista en dirección a la ciudad, perdiéndome en los pensamientos. Pensamientos sobre ella. El paisaje urbano se despliega ante mis ojos como un vasto lienzo, de vidas entrelazadas por el azar o quizás por designios que escapan a nuestra comprensión. El cristal polarizado de mi oficina me permite observarlo todo desde la distancia. No puedo creer. Sigo sin creer que sea ella: la mujer que elegí para mi esposa hace dos años, la misma que decidió abandonarme el día

