Agnese. El invierno moscovita parece despedirse de nosotras con una brisa especialmente gélida, como si la misma tierra se resistiera a dejarnos marchar. Hoy es el día de volver a casa. Los seis hermanos que permanecieron en Italia han bombardeado nuestros teléfonos con mensajes que rozan la desesperación; la mansión De Rosa se siente vacía sin nosotras y el tiempo de gracia que nos concedieron para conocer nuestras raíces ha llegado a su fin. Sin embargo, el obstáculo más difícil no es la logística, sino el corazón de nuestra madre. Anastasia nos mira como si temiera que, al cruzar el umbral del jet, nos convirtiéramos de nuevo en un recuerdo borroso. Ella entiende que tenemos una vida forjada en Italia, un imperio propio y una relación compleja con nuestros diez hombres, pero eso no ha

