Ángelo. La punta de mi lápiz grafito danzaba con precisión sobre el papel grueso, trazando las líneas finales de un diseño que prometía ser histórico. Estaba ilustrando una serie de anillos opulentos y brazaletes elaborados, cuya complejidad superaba cualquier pieza creada hasta el momento en la casa de diseño De Rosa. Pronto lanzaríamos una nueva colección de joyería, totalmente exclusiva y sin precedentes. Esta no sería una colección para la venta masiva; solo dos mujeres en el mundo tendrían el derecho de poseerla. Agnese y Ágata, las musas que inspiraron cada curva y engaste, eran las verdaderas dueñas de estos diseños, concebidos exclusivamente para realzar su belleza. Nicholo y yo habíamos trabajado sin descanso durante días, y la fase de diseño estaba por concluir, acercándonos al

