Lance. Ágata completó su quinta pasada por la pasarela, y aún no era el día del evento principal. Estábamos en el último ensayo. Su presencia en el lugar era arrolladora: fuerte, poderosa y dueña del espacio, cualidades que ninguna de las otras modelos en la sala lograba replicar. Debo admitir que las demás chicas la miraban con una mezcla de respeto y evidente envidia, incluso miedo, por la autoridad implícita que Ágata proyectaba. Mi teléfono vibró. Era Raffael, nuestro hermano mayor. —Hola, hermano —contesté, con un tono paciente. —¿Cómo va todo por allá? ¿Algún problema de seguridad o algún esnob intentando sobrepasarse? —Su voz sonaba tensa; siempre llamaba para preguntar lo mismo. Puse los ojos en blanco, aunque sabía que su preocupación era genuina. —Hermano, todo está perfecta

