Nicholo. —La atmósfera está a punto de estallar. No hay una sola persona en esta sala que no esté ansiosa por descubrir la nueva visión de los De Rosa —comentó nuestra madre, Valentina, acercándose con la elegancia que solo una matriarca de nuestra estirpe posee. —Incluso yo, que he visto nacer imperios, siento una curiosidad casi infantil —añadió mamá Valeria, dando un sorbo pausado a su copa de cristal—. Chicos, esta noche marcará un antes y un después. Será una sorpresa monumental para las gemelas. —Te lo aseguro, madre —respondí, ajustando los puños de mi camisa—. Estas joyas están al nivel de las piezas maestras que nuestros padres diseñaron para ustedes. Es nuestra herencia refinada por el amor. —Estoy profundamente orgullosa de ustedes, mis diseñadores —Valentina nos obsequió un

