Richard. Nunca imaginé que este refugio frente al mar, nuestro primer regalo de bodas para las gemelas, se convertiría en el santuario más sagrado que jamás hubieran conocido. Al observarlas, me golpea la cruda realidad de su pasado: pasaron años en una cautividad elegante, pero cautividad al fin, estudiando y trabajando bajo la sombra del miedo, esforzándose simplemente por sobrevivir un día más. Mis hermosas pelirrojas no tienen idea de que esto es solo el comienzo; bajo nuestra protección, el mundo se abrirá para ellas en un abanico de lujos y experiencias que sus mentes infantiles nunca se atrevieron a soñar. En este momento, se encuentran entregadas al sol. Reposan sobre la arena como dos estatuas de marfil y fuego, con la piel brillante por el bronceador y sus cuerpos esculpidos re

