SAMUEL Han pasado dos semanas. Dos semanas desde aquella noche en que Sofía llegó a mi departamento y todo cambió. Dos semanas de ensayos, de mensajes con Carlos, de preparativos para la grabación. Dos semanas de tenerla cerca, de incluirla en cada espacio de mi vida y duele admitirlo, pero es cierto: ella me hace feliz. La he integrado a todo. Viene a los ensayos y se sienta en su rincón, con una cerveza en la mano y una sonrisa que ilumina el local. Charlamos en la universidad en los recesos, y caminamos por los pasillos con la mano enlazada, sintiendo las miradas de quienes no esperaban verme sonreír otra vez. Compartimos pequeños momentos: un café en la cafetería, una tarde viendo series en su casa, una noche cocinando juntos algo que siempre termina quemado. Es bonito. Es exactame

