SAMUEL Lucas traga saliva. Gael se endereza. Bastián aprieta las baquetas. —Tienen talento —prosigue Carlos—. Mucho. Pero el talento sin disciplina no sirve. El talento sin compromiso se diluye. Y yo no estoy aquí para perder mi tiempo. —No lo vamos a defraudar —dice Lucas, con firmeza. Carlos levanta una mano. —Déjenme terminar. Les voy a dar una oportunidad. Una sola. En esta industria, las segundas oportunidades no existen. Si la desperdician, no habrá otra puerta que se les abra. ¿Lo entienden? Asentimos al unísono. —Bien. —Carlos sonríe por primera vez—. Entonces empecemos a trabajar. Tienen una canción poderosa, pero necesitamos más. Necesitamos un álbum, una identidad, un sonido propio. Esto es solo el principio. Me mira fijo. —Y tú, Samuel. Esa canción… duele. Se nota que

