SAMUEL Después de lo de la heladería, después del beso de Sofía y de tener que romperle el corazón, necesitaba estar solo. Le escribí a Valeria. "No sé si leerás esto. No sé si te importa. Pero necesito que sepas que no me rindo. Que lo de aquella noche no fue un adiós. Que te amo. Y que voy a esperar." Luego guardar el teléfono sin esperar respuesta. Me fui a dar una vuelta, recorriendo en mi auto las calles de la ciudad. Pasaron las horas y el sol empezó a bajar. Casi a las seis, regresé a casa de Lucas. Doblé la esquina y ahí estaba, mi padre. Parado junto a su auto, impecable como siempre, esperándome, apoyado contra la puerta del conductor, con los brazos cruzados y esa expresión que pone cuando algo le importa más de lo que quiere admitir. Me estacioné. Apagué el motor. Bajé

