CAPÍTULO TRES Emmeline se movía con una determinación sombría, aunque los fantasmas de la duda aún la perseguían. Terminó de empacar un poco de pan y queso dentro del paquete pequeño que su padre había comenzado, y luego llenó un cántaro con agua. Mientras llenaba el cántaro del cubo, sintió que la voz chillona de la niña brotaba de nuevo dentro de ella. Emmeline reprimió esa voz, aunque con mucha dificultad. ¿Por qué debe ser tan difícil, pensó mientras buscaba un poco de carne seca, mantener la voz de la razón? Desde la temporada anterior, le resultaba cada vez más difícil mantener la mente concentrada en las tareas a realizar. Esto no la molestaba mucho, pero era terriblemente molesto comenzar una tarea una y otra vez antes de finalmente completarla porque su mente estaba vagando. ¿Y

