Las chicas tuvieron que dar cinco vueltas al recinto del Festival antes de conseguir por fin un sitio para aparcar. Ingrid declaró triunfante que les habían ganado a los chicos, pues no había ninguno a la vista en el punto de encuentro, pero sus amigas apenas la oyeron. Estaban demasiado distraídas por el impresionante espectáculo que tenían ante sí. María Paz dejó escapar un pequeño suspiro al acercarse a las puertas de entrada del Festival, adornadas con elegantes hojas doradas. —¡Guau! —exclamó Tamara—. ¡Esto es aún más grande que el año pasado! —¡Hay tanta gente! —suspiró María Paz. Tenía razón. Personas de todas las edades, jóvenes y mayores, poblaban la zona. Una gran proporción eran niños que asistían con sus familias. Algunos incluso habían traído a sus mascotas para unirse a la

