Empecé las vacaciones y nada se sintió mejor, al fin podía despreocuparme el domingo a la noche cuando me iba a dormir sabiendo que al otro día era lunes y no tenía que trabajar, era hermoso. Por su parte, Joaco decidió dejar de ir a su trabajo porque podía permitirse ese lujo y alegó que quería compartir conmigo el tiempo sin interrupciones, así nos ocupábamos de los planes que teníamos en mente y no podíamos dejar de hablar, organizándonos y armando nuestro hogar. Antes de que llegara la navidad, fuimos a conocer la casa de Nordelta, mejor dicho era como una mansión y la palabra perfecta le quedaba chica, estaba ambientada para estrenarla directamente y aunque él insistió en que podíamos hacerle los arreglos de decoración como lo planeamos durante las largas horas de la madrugada cuando

