CAPÍTULO VEINTIOCHO Aunque Riley trató de alejar la mirada, descubrió que no pudo. Se encontró recordando lo cautivadoras que eran sus clases, lo rápido que podían pasar las horas en ellas. Otros estudiantes le habían dicho que se sentían igual. En aquel entonces, había disfrutado el extraño hechizo que podría lanzar sobre un grupo de estudiantes. Le había parecido algo positivo y emocionante. Incluso mientras estaba sentado en el banquillo de testigos como acusado de asesinato, el hombre era igual de cautivador. Pero ahora eso le parecía aterrador y bastante peligroso. Después de unos momentos, Kirby Larch le preguntó a su cliente: —Profesor Hayman, ¿la versión de la Srta. Sweeney de lo que pasó en su oficina fue verídica? Aun mirando a Riley a los ojos, Hayman sonrió y dijo: —No,

