—Xavi, déjame ir —dijo Cata, tratando de apartar su brazo. —Hablemos —dijo Xavi, encerrándose en un almacén y parándose frente a la puerta. Cata se mordió el labio avergonzada. —No hay nada de qué hablar —murmuró. —Eso no es lo que escuche. —Solo estaba despotricando contra Elisa —dijo—. Realmente deberíamos irnos. Nuestro descanso casi ha terminado. Xavi suspiró y sujetó a Cata por los hombros, golpeándola suavemente en la espalda y enjaulándola en sus brazos. Sus ojos se abrieron con sorpresa. Bueno, eso estuvo caliente. —Escúchame, por favor —suplicó Xavi—. No puedo dejar que esto siga así. Cata asintió lentamente. —Sé que esto puede parecer estúpido después de que te rechacé ayer, pero me he dado cuenta de que me gustas —dijo. Su boca se quedó boquiabierta. Por un momento C

