Cuando Elisa abrió los ojos, fuera de las puertas de cristales que daba el balcón, brillaba la luz. La oscuridad se había ido, en cambio, el sol brillaba radiantemente, los rayos del sol entraban en la habitación por lo que el ambiente se sentía cálido. Ella estaba sola y supuso que Leo estaba haciéndose cargo del desayuno. Cuando estuvo en el baño se apresuró en lavar sus partes íntimas, como en hacer su rutina diaria de aseo. Después de ponerse un vestido sencillo de flores, bajó las escaleras. Leo la esperaba sentado en el sofá de la sala. Cuando Elisa apareció en la salida del pasillo caminando lentamente hacia él, vio que llevaba un vestido largo que perfilaba perfectamente su figura fina, y que su rostro pálido había sido maquillado por ella, con un ligero tono de rubor ¡Se veía

