La oficina de Michell quedó en silencio después de la llamada de Leo. Octavio seguía observándola atentamente. —¿Qué dijo exactamente? —preguntó con seriedad. Michell dejó el teléfono sobre el escritorio. —Un hombre fue a la casa preguntando por mí. —¿Y? —Dijo que si seguía investigando a Katy… me arrepentiría. El rostro de Octavio se endureció. —Eso ya no es una advertencia. —¿Entonces qué es? —Una amenaza. Michell respiró profundamente. —Sabía que esto podía pasar. Octavio se acercó más. —¿Estás asustada? Michell lo miró directamente a los ojos. —Sí… pero no por mí. —¿Por quién? —Por mis hijos. El silencio se instaló en la habitación durante unos segundos. Octavio habló finalmente. —Tenemos que reforzar la seguridad. —¿Seguridad? —Sí. —Esto es una empresa, no una

