—Mi madre es mitad brasileña, lamentablemente no heredé ninguna apariencia exótica —sonreí.
—No necesitas tener una apariencia exótica cuando tienes la sonrisa de un ángel y el cuerpo de una tentadora, Soraya, te deseo —casi me atraganto con mi bebida cuando tomé otro sorbo, su voz se volvió ronca al decir esto— ¿Vendrás conmigo? —Preguntó.
—¿A dónde? —Mi corazón comenzó a latir rápido. Lo acababa de conocer, pero quería ir con él desesperadamente.
—A mi casa, Hector puede cuidar de tu amiga, prometo que estará a salvo —sonaba muy sincero.
—Déjame hablar con ella —pedí.
Sacó su teléfono y llamó, habló en su lengua materna y luego colgó. Mientras esperábamos a Hector y Stacy, me levantó y me encontré sentada en su regazo. Jugó con mi cabello.
—¿Así que quieres ser una gran abogada malvada, ¿eh? —Sonrió mirándome como si estuviera orgulloso.—. Tienes apariencia y cerebro.
Estaba a punto de preguntarle a qué se dedicaba cuando Hector y Stacy se acercaron hacia nosotros. Me levanté de su regazo y agarré la mano de Stacy.
—¿Dónde está el baño de mujeres? —Le pregunté y ella nos guió hacia allá.
—¡Soraya, nunca te había visto así! —Rió—. ¡Oh, me sentí tan excitada viéndolos a los dos comportarse así!.
—Me pidió que me fuera con él, quiero hacerlo Stacy —dije mientras ella me miraba como si estuviera loca—. Lo acabas de conocer, Raya.
—Lo sé, pero si alguna vez voy a perder mi virginidad, preferiría que sea con alguien experimentado como él —dije.
Ella rió.
—De acuerdo, pero ten cuidado, ¿lo prometes? Y no te olvides de usar protección. Supongo que pasaré un poco más de tiempo con Hector y le pediré que me lleve a casa. Por la mañana, vuelve directamente a mi casa, menos mal que mis padres están fuera de la ciudad.
—Xander prometió que Hector cuidaría bien de ti —la abracé y besé su mejilla.
—Supongo que te mereces esta noche para volverte loca. Todo lo que has hecho desde que éramos niños ha sido enfocarte en la escuela y ahora que eso ha terminado, es hora de que te sueltes —sonrió. Nos miramos y nos reímos como niñas en un baño.
Regresamos a donde estaban los hombres y agarré mi bolso. Xander tomó mi mano y me llevó fuera del club donde lo esperaba una enorme Hummer negra. Me di cuenta de que usamos una entrada diferente a la que usamos Stacy y yo, había guardias que lo reconocieron y lo llamaron jefe. Obviamente era alguien importante.
Estaba tan nerviosa y sorprendida de mí misma por tomar una decisión tan precipitada, parecía que él lo percibió. Empezó a hacerme preguntas sobre a qué universidad fui y dónde quería trabajar. Me sentía cómoda al responder, él tenía una forma de hacerme sentir tan cómoda.
Momentos después, estábamos entrando en un hotel por una zona privada, subimos en el ascensor donde más guardias estaban de pie custodiando. Llegamos hasta el piso de arriba y salimos a un hermoso y lujoso apartamento penthouse de hotel. Tenía una sala de estar, bar y área de entretenimiento de planta abierta, ventanas de cristal que mostraba una vista de la ciudad, había una salida a un costado que conducía a un balcón con una piscina. Me llevó a un sofá junto a la sala y se dirigió al bar para servirnos algunas bebidas.
Me entregó un vaso y se sentó justo a mi lado, estaba perdiendo mi timidez y me preocupaba que me echase atrás en el último minuto, así que di un gran sorbo del líquido ardiente y lo tragué. Quemó mi garganta y la sensación se asentó en mi pecho. Tomé la bebida de su mano y puse ambos vasos en la mesa de cristal, entonces me monté sobre él. Parecía un poco sorprendido, pero sonrió y nos acomodó de tal forma que de alguna manera quedé tumbada en el sofá y me encontré sobre él. Pude sentir su erección mientras mi vestido se subía un poco por mis caderas, pude sentir mi tanga mojarse por mi excitación. En ese momento supe que al final de la noche estaría desnuda y en su cama y no me importaba porque eso es exactamente lo que quería. Quería sentirlo dentro de mí desesperadamente. Me incliné para besarlo, esta vez mis manos fueron a jalar su camisa, la levanté de sus pantalones y cinturón y lentamente moví mis manos por su torso, mis labios se movieron a su oído para susurrarle.
—Quítatela.
Él rió, se sentó un poco más y levantó los brazos para que pudiera quitarle la camisa.
—Eres un ángel travieso —dijo.
Le acaricié suavemente el abdomen, rascando mis dedos arriba y abajo. Eso me valió un gemido. Me incliné para besar todo el camino hasta su ombligo, mis manos tocaron el cinturón y lo desabroché lentamente. Solté sus pantalones y los deslicé y también se los quité, metí la mano en sus calzoncillos y acaricié lentamente su m*****o duro, tembló y gimió de nuevo.
Encontró la cremallera detrás de mi vestido y la bajó. El vestido cayó sobre mis hombros revelando piel y las pequeñas montañas que eran mis senos. Sus ojos brillaban lujuriosamente mientras su boca encontraba su camino hacia uno de mis pezones color rosa. Grité en voz alta mientras él mordía y chupaba, haciéndome gemir en voz alta. Su otra mano sostuvo mi segundo seno y lo apretó. Mi vestido llegó hasta mi cintura, revelando un poco de mi ropa interior de encaje. Llevaba una tanga de encaje rosa salmón que se aferraba a la parte superior de mis caderas. Se levantó del sofá conmigo aún sobre él y puso sus manos en mi cintura, moviéndolas lentamente hacia mi trasero, acariciando y luego lo siguiente que supe fue que me alzó en brazos. Mis piernas automáticamente rodearon su cintura. Su boca chocó contra la mía y me besó como si cada aliento que saliera de mis labios le diera vida, como si tuviera algún néctar dulce fluyendo de mis labios. Se giró para caminar hacia la dirección de las escaleras, llegamos a su habitación y me colocó en su cama y luego se apartó.
Dejé caer mi vestido al suelo y él me miró con tanto aprecio, absorbiendo cada vista de mí. Su mano izquierda se dirigió directamente a mi cuello como si quisiera estrangularme, pero se tumbó en la cama y nos movió hacia arriba, su otra mano encontró su camino entre mis muslos, apartó mi tanga y sus dedos encontraron mi clítoris. Eché la cabeza hacia atrás y gimoteé por el placer que me atravesó.
—Es como una piscina aquí abajo y estoy a punto de sumergirme en ella —se rió. Movió sus dedos arriba y abajo de mi clítoris, un gemido escapó de mis labios, su mano se apretó en mi cuello mientras seguía frotando. El placer que se estaba acumulando dentro de mí era demasiado, estaba jadeando, mis manos agarraban las sábanas de su cama mientras abría un poco más mis piernas.
—¡Ah Xander, más, más! —dije. Mi voz cargada de lujuria mientras movía mi cabeza de un lado a otro. Siguió adelante, pero dos de sus dedos encontraron el camino hasta los pliegues de mi secreto, se deslizaron profundamente en mí moviéndose dentro y fuera.
—Por favor —gemí aún más.
—Estas tan apretada —dijo mientras se adentraba más.
Lo siguiente que supe es que se detuvo y rompió mi tanga y luego se inclinó para besarme los muslos internos, sus dedos abriéndome.
—Quiero probarte —dijo—. Déjame probarte, mi querida.
Sentí un tirón como si hubiera un movimiento de succión, sentí una ola de intenso placer que seguía golpeándome una y otra vez. Su lengua lamiendo todos los jugos.
—Dios mío, ángel, sabes tan dulce.
—Tienes que conseguir el preservativo ahora —le ordené y él se rió.
—Tan impaciente, mi amor —gruñó, estaba a punto de hacerte llegar.
Siguió moviendo su lengua dentro de mí hasta que mi aliento se entrecortó y grité en voz alta, había encontrado mi clímax. Todo esto era nuevo para mí, él acababa de hacerme llegar con su lengua.
Se levantó, abrió el cajón de su mesita de noche y sacó un condón. Se quitó los calzoncillos. Lo vi ponerse el condón, por su aspecto daba la sensación de que se rompería antes de que pudiera entrar dentro de mí, era grande.
Volvió a la cama y se inclinó para besarme, pero mientras lo hacía se introdujo dentro de mí, al principio se sintió apretado y doloroso, no pude evitar fruncir el ceño y aferrarme a sus hombros.
—Angel, ¿eres virgen? —se sorprendió cuando abrí los ojos para mirarlo, fue más una afirmación que una pregunta. Parecía dudar por un momento.
—También te deseo, Xander —levanté mi trasero para poder guiarlo, un pequeño quejido escapó de mis labios cuando entró más profundo. Cubrió mi boca con la suya y me besó para distraerme del dolor y luego empezamos a movernos, fue tan gentil mientras formaba un ritmo que parecía tenernos a ambos hipnotizados.
Gruñó.
—Estas tan apretada, necesito frenar o me vendré demasiado rápido —dijo.
Cuanto más nos movíamos, más sentía como si estuviera flotando cada vez más alto en una nube, olvidando todo el dolor, mi cuerpo temblando con cada movimiento. Agarró ambas manos y las levantó por encima de mi cabeza, luego su mano encontró mi cuello de nuevo, claramente le encantaba estrangular durante el acto s****l. Se sintió increíble, sin embargo, me hizo pensar en ahogarme, como si estuviera envuelta en una dulce tranquilidad. Sus embestidas se hicieron más rápidas a medida que mis gemidos se volvieron más fuertes, llamé su nombre una y otra vez hasta llegar a un clímax, sentí como si estuviera cayendo desde una nube una y otra vez, pero cayendo en el éxtasis. Sentí que empujaba aún más profundo y se detuvo por un momento, soltó mi cuello y me besó profundamente, luego se quedó al lado de la cama, justo a mi lado. Tan pronto como recuperó el aliento, me acunó y jugó con mi cabello y me inhaló —¿Por qué no dijiste nada acerca de que era tu primera vez, ángel?
Encogí los hombros, mirándolo y luego sonriendo. Él me besó lentamente.
Se levantó de la cama y me condujo a una puerta que revelaba un baño, había una bañera con patas de garra lo suficientemente grande como para que los dos cupiéramos, la llenó de agua y luego añadió algo que comenzó a hacer que el agua se espumara mientras yo recogía mi cabello en un moño. Me ordenó que me metiera en la bañera y luego entró y se sentó justo detrás de mí, levantándome hasta su pecho. Hablamos toda la noche sobre cualquier cosa y todo. Mayormente él sólo quería oír acerca de mis sueños y aspiraciones. Noté que él seguía desviando la atención hacia mí cada vez que trataba de indagar más sobre él. No me importó, sin embargo, porque estaba demasiado feliz mientras él lavaba mi cuerpo con una esponja, la movió suavemente por toda mi piel mientras me acariciaba y me besaba. Después de nuestro baño, me envolvió en una enorme toalla blanca y se puso una alrededor de su cintura, luego nos llevó de vuelta a la cama. Mis piernas se enredaron automáticamente con las suyas y tan pronto como mi cabeza descansó en su pecho, me quedé dormida.
Me desperté alrededor de media mañana con una criada diciéndome que el desayuno estaba abajo y que el señor Xander ya se había ido a su reunión, pero había organizado para que un conductor me llevara a casa. Me sorprendió, se marchó sin decir una palabra y ella lo llamó señor, pero me dije que era un hombre ocupado y tenía mucho que hacer. Así que encontré mi ropa, que había sido doblada cuidadosamente en una silla de su habitación, fui y me vestí, recogí mi cabello en un moño desordenado y luego bajé las escaleras para disfrutar de un delicioso desayuno. Caminé hacia su estudio y encontré una hoja de papel y un bolígrafo donde le escribí un mensaje y mi número de teléfono, lo coloqué de nuevo en la mesa frente a su silla y dejé que la criada me llevara al ascensor. Presionó el botón para el estacionamiento donde dijo que el conductor estaría esperando.
Fin del recuerdo.