*POV Soraya.
—¡Eso no es asunto tuyo! ¡Lárgate ahora! —Estaba tan enojada, pero ahora intentaba con todas mis fuerzas no entrar en pánico. Mi corazón estaba acelerado.
—¡Ángel! ¿Quién es él? ¡Mejor no me mientas! —Casi estaba gritando.
—¡No te atrevas a llamarme así! ¡Xander, lárgate! No sé qué te habrá dicho Stacy, pero más te vale irte y no volver.
—¿Stacy? ¿Ella sabe sobre él? Quiero verlo. Ve y tráelo.
La discusión era caótica, iba y venía. Él exigiendo ver a Kai y yo diciéndole que se fuera.
—Por favor, ¡solo vete! Fue solo una noche, ¿recuerdas? No te necesitamos. ¡Él no te necesita! —dije en voz baja. Sentía como si estuviera perdiendo la batalla. Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro.
Su expresión cambió de una mirada asesina a tristeza.
—Pero ¿cómo? Usamos protección, a menos que tú... —dijo, levantando las cejas a manera de interrogación, estaba dudando de mi. De repente, su expresión se puso oscura, otra vez enojado—. ¿Lo hiciste...? ¿Planeabas atraparme? ¡Maldita sea, respóndeme, Soraya!
Me quedé helada, sentí como si me hubiera golpeado. ¿Cómo podía pensar eso? Pensaba que era capaz de hacer algo así. Limpié las lágrimas de mi rostro, no podía creer que estuviera llorando frente a él. No podía mostrarme débil frente a Xander. Esa joven e ingenua Soraya que él conocía había desaparecido.
—¿Por qué lo ocultaría de ti todos estos años si quería atraparte? Me rompí la cabeza durante mucho tiempo preguntándome cómo quedé embarazada cuando usamos protección, el condón debió haberse roto —le espeté.
—Pero me habría dado cuenta, así que él es mío —dijo en voz baja. Era más una afirmación que una pregunta.
—¡Es obvio! ¡Mierda! Incluso una persona loca en la calle sería capaz de ver eso —le respondí—. Ambos estábamos ebrios esa noche.
—Quiero conocerlo, no me voy a ninguna parte hasta que conozca a mi hijo. ¿Cuántos años tiene? —Su expresión se suavizó.
—Xander, por favor, solo vete, no hoy.
—No me voy hasta que lo conozca, Ángel —Seguía llamándome así, ese apodo que me dio hace años. Estaba a punto de decirle que dejara de hacerlo cuando escuché a Kai detrás de mí, me di la vuelta y él venía hacia nosotros. ¿Por qué mamá lo dejó salir de la casa?
—¡Mamá! —parecía preocupado— ¿Por qué le estás gritando a mi mamá, señor? Será mejor que te vayas o mi papá vendrá por ti —dijo. Tanto Xander como yo nos quedamos sorprendidos cuando dijo eso. ¿De qué papá estaba hablando...
—¿Tu papá? —Xander dijo lentamente mientras lo miraba y luego me miró a mí —¿Estás casada? ¿Tienes a otro hombre criando a mi hijo? —dijo, salió como un gruñido bajo.
—Deja de gritarle —Kai se acercó y se paró entre nosotros. Ahí fue cuando me di cuenta de lo cerca que estábamos uno del otro. Xander miró a Kai mientras él se paraba allí enfrentándolo como si quisiera pelear con él. Xander empezó a reír.
—Kai, vuelve adentro —le dije suavemente.
—No, mamá, este señor malo te va a hacer daño, no te voy a dejar sola, mamá —afirmó rotundamente mientras le mostraba desprecio a Xander.
*POV Xander.
—Es un Adamos en cuerpo y alma. Ese es mi chico, protege lo que es suyo —dije, lleno de orgullo. El niño parecía confundido mientras fruncía el ceño hacia mí. Dijo que tenía mis ojos y mi nariz, su cabello rizado como el mío, excepto que el suyo era marrón claro. No sabía cuántos años tenía, pero tenía una estatura alta. Parecía estar listo para proteger a su madre. Me arrodillé a su altura.
—Así que te llamas Kai, ¿verdad? —Le pregunté.
—No se me permite hablar contigo, eres un desconocido —dijo aún frunciendo el ceño hacia mí.
—No soy un desconocido, Kai —le sonreí.
—¿Por qué hablas raro? —preguntó inocentemente.
—Porque soy griego, de donde soy hablamos un idioma diferente —sentí mucho orgullo al ver su rostro lleno de curiosidad.
Miré a Soraya, tenía una expresión de preocupación en su rostro. Solo se quedó parada observándonos.
—No estaba gritándole a tu madre, estábamos hablando de ti —le informé—. Mi nombre es Xander.
—Esa es la última parte de mi segundo nombre —levantó las cejas con curiosidad. También estaba muy curioso, ¿qué quería decir...
Miró a Soraya como si buscara confirmación de si debía seguir hablando conmigo.
—Cariño, hay algo que te tengo que contar, ¿de acuerdo? —Le dijo mientras lo acercaba suavemente a ella, sosteniendo sus hombros— ¿Recuerdas cuando me preguntaste sobre tu papá? —dijo y él asintió.
Así que él sabía que su padrastro no era su padre biológico. Eso me dio cierto alivio. Quien sea este hombre, probablemente no estaba haciendo un buen trabajo como para que un niño pidiera a su verdadero padre. ¿Mi ángel estaba casada? Tal vez por eso no podía encontrarla, cambió de apellido. Pero ¿por qué no llevaba un anillo de matrimonio?
—Bueno cariño, recuerdas que me preguntaste si él vivía aquí en Phoenix —continuó—. Este hombre aquí es tu padre —me miró mientras decía esto.
—No quiero que él lo sea —dijo Kai y comenzó a llorar. Eso me confundió. Sentí como si acabaran de patearme en la espinilla. ¿Por qué diría eso?
—¿Por qué no, cariño? —le preguntó ella.
—Porque fue malo contigo, no quiero tener un papi malo —empezó a llorar. Ella lo abrazó.
—Kai, está bien. A veces los adultos tienen desacuerdos. Estoy bien, te lo prometo —él se aferró a ella, rodeando su cuello con sus brazos. Ella se levantó con él todavía agarrado. Sus brazos rodearon su cuerpo y le masajeó la espalda.
—Cariño, está bien, mamá está bien, te lo prometo —lo consoló suavemente. Era tan buena con él. Me había perdido tanto de él. Quería abrazar a ambos y no soltarlos. Ella me miró y me despreció, claramente no sentía lo mismo.
Se calmó y volvió para mirarme. Su rostro manchado de lágrimas me miraba frunciendo el ceño.
Tenía que hacer que le cayera bien de alguna manera. ¿Qué les gustaba a los niños?
—¿Qué tal si los llevo a los dos a tomar un helado? —dije intentando sacarle una sonrisa.
—Kai tuvo suficiente emociones por hoy, dale tiempo para procesar esto. Podemos programar una reunión para otro momento —señaló Soraya y no pude ocultar la decepción en mi rostro.
—Está bien, pero quiero tu número. Llamaré y programaré una reunión —saqué mi teléfono y se lo entregué para que pudiera escribir su número.
Después de que ella lo escribió, tomé el teléfono de nuevo.
—Kai, hablaremos en otro momento —le dije, pero él escondió su rostro en el cabello de su madre, ignorándome por completo.
Suspiré.
—Te llamaré pronto —dije haciendo una pausa por un momento, amenacé a Soraya— ¡Y que Dios me ayude, Ángel, si te escapas, te buscaré y te haré lamentarlo!