Capítulo N°3

1883 Words
Me da otro Long Island y otro Vodka por favor. -—le dice Ricky al Camarero detrás de la barra, quien llevaba puesto un uniforme color n***o, sus mangas estaban remangadas dejando ver que en su brazo derecho tenía un reloj color dorado, aparentemente costoso. Llevábamos aquí ya dos horas, estábamos sentados en las sillas mirando alrededor, el lugar ha cambiado bastante. La última vez que vine aquí su nombre era "Restaurante Blue", su entorno era rústico junto con su decoración, era unos de los locales más populares, muchos jóvenes veníamos a comer o compartir con amigos y familiares. Los dueños fallecieron en un accidente automovilístico, ahora estaba a cargo Elizabeth García, la única hija del matrimonio una mujer de unos treinta y cinco años, cabello n***o y bien vestida. El local estuvo cerrado un tiempo, para ser más exactos 2 años, me imaginaba que por remodelación... y así fue. Ahora es un sitio diferente, su fachada es moderna, cuenta con luces de muchos colores, mesas redondas con manteles que combinaban a la perfección con las paredes de color rojo, contaba con una pista de baile al costado y unos sillones de cuero color n***o acomodados en las esquinas. No solamente había pasado de ser rústico a moderno, también el nombre cambió, llamándose ahora "Optimus Bar". Su popularidad seguía siendo la misma, ahora vendían alcohol y se permitía fumar dentro. Además, se llenaba todos los fines de semana y las filas para entrar eran exageradas, si no llegabas temprano probablemente no ibas a alcanzar a entrar. El reloj de pared mostraba las 22:54 horas, desde los parlantes sonaba música electrónica a todo volumen, había un grupo de jóvenes en una mesa conversando y riendo a todo pulmón, parejas sentadas en la barra, chicas y chicos bailando en la pista, dos guardias gigantescos en la entrada, impidiendo el paso de ma gente. —¿Te asustaste con el mensaje?— pregunta Ricky con una sonrisa en el rostro. Conozco a Ricky desde los doce años cuando íbamos a la preparatoria, siempre fue un chico muy alegre y cariñoso, le gustaba mucho hacer bromas en la sala de clases y sobre todo hacerle la vida imposible a Ash. Mientras crecíamos notaba que se estaba volviendo más atractivo, dejó crecer su cabello crespo hasta el hombro para luego usarlo con un moño, cambio los lentes ópticos por lentes de contacto color marrón igual a sus ojos. Hace unos meses, para su cumpleaños número diecinueve lo acompañé a hacerse un piercing en su labio y un tatuaje en el cuello. No es amante de los deportes y prefiere los videojuegos... bueno, cada cual tiene sus gustos. —No seas idiota. —Le dije golpeando suavemente su brazo. —Sabes que a nadie le doy mi número, entonces era obvio que me pareciera extraño.— —¿Hace cuánto que no veníamos aquí— —Ni recuerdo ¡Pero que bueno que vendan alcohol ahora! —dije sin despegar mis ojos de las luces, las cuales cambiaban de color cada segundo. —Laura se molestó, dice que no volvería a comprarme otro móvil. — dijo Ricky girando en la silla con nerviosismo. —Y tiene razones, hace menos de dos meses se te perdió uno.— respondí girando mi cabeza a su dirección. —Y ahora de nuevo.—Ricky suele ser muy descuidado con sus cosas, siempre las deja olvidadas o simplemente se le pierden. Ricky tuvo una vida difícil, cuando tenía catorce años y estábamos estudiando en la secundaria, su casa se incendió producto de una pérdida de gas, su madre quedó con quemaduras graves en más del sesenta por ciento de su cuerpo, su padre falleció después de estar en coma por dos meses, y él sufrió de quemaduras en su torso, razón por la cual no le gusta estar sin polera. Ahora vive con su madrina quien cuida de él y de su madre porque aún va a tratamiento y recuperación. Laura, su madrina es una mujer maravillosa, siempre anda muy preocupada y atenta de lo que le pueda pasar a Ricky, y aunque él no lo demuestre, sé que está muy agradecido con ella. —Que lo disfruten. —dice el camarero quien deja dos vasos en la barra para luego tomar su bandeja y dirigirse a una pareja que se encuentra a mi lado izquierdo. Tomando un sorbo de mi vodka, no pude evitar fijar la mirada en mi amigo, se veía preocupado, aunque estaba segura de que algo tenía que contarme, por algo me había enviado un mensaje tan temprano y desde un celular desconocido. —¿Qué pasa?, cuéntame —Le preguntó. —Es difícil Emma — susurra sin despegar sus ojos del vaso. —¿Recuerdas que te comenté que a mi madre le están haciendo unos exámenes?.— Recordaba que hace aproximadamente cinco meses, Ricky me había contado que su madre estaba muy enferma, aparte de las quemaduras que habían afectado algunos órganos, comenzó a presentar algunos dolores en los pechos, que al principio no les pareció importante, pero decidieron llevarla al médico para descartar cualquier problema. —Si... ¿Qué pasó?. — pregunté arrugando las cejas. —No salieron bien. —responde mirándome a los ojos.— No pude evitar ver su cara de tristeza, sus ojos estaban húmedos. —Me llegó un correo hoy en la mañana de la clínica, dice que mi madre tiene cáncer de pulmón.— Me cuenta con la voz quebrada —Si es una de tus bromas Ricky... —Estaba diciéndole, cuando él me interrumpe soltando el vaso de su mano, para luego agarrar la mía. —No jugaré con esto Emma, en serio— termina diciendo sin dejar de mirarme. Mis ojos se humedecieron, dejando caer lágrimas al parpadear. Abracé a mi amigo, quería que sintiera que yo estaba ahí en ese momento tan difícil. Despegó su cuerpo del mío para agarrar su la cara en mis manos y mirarlo con ternura. -Estaré contigo siempre. - le dije tocando sus mejillas, viendo sus lágrimas caer. No es primera vez que lo veo llorar, aunque su apariencia refleja frialdad, él es todo lo contrario. No podía imaginar el dolor que sentía su corazón, pero espero que me pueda dejar que esté acompañándolo en todo proceso. —Como siempre— Me responde dándome una sonrisa cerrada. Estuvimos treinta minutos más en el bar conversando acerca de su madre, de lo mucho que extrañaba a su padre y de lo que tanto le encanta de Ash... porque así es, lleva años enamorado de ella, pero nunca ha sido capaz de decírselo, según él... Ash nunca lo miraría como algo más... pero yo lo dudo. Suena su móvil y con rapidez contesta, indicando con su mano que lo espere unos minutos. Ya el local se encontraba lleno y mucha gente bailando. Había tomado cuatro vasos de vodka, a decir verdad no estaba borracha, pero sí un tanto mareada, desde mi asiento podía ver perfectamente a Ricky como hablaba por teléfono y levantaba los brazos. -Espero que todo esté bien-susurre. Siento como una mano toca mi hombro con suavidad, sin dudarlo giró la cabeza para ver aquellos ojos marrones bonitos que conocí la noche anterior. —¿Emma?. —pregunta dándome una sonrisa, dejando ver sus dientes perfectos, estaba vestido con una polera blanca ajustada a su cuerpo y una chaqueta de cuero color negra abierta que dejaba ver un collar de cruz, sus pantalones eran unos jeans claros junto con sus zapatillas. —Lucas... —dije, levantándome de la silla para darle un beso en la mejilla. -¿Qué haces aquí?. —Vine con algunos amigos ¿y tú?. — Me preguntó. Antes de poder responder el brazo de Ricky rodeo mi cintura, apegándose a su cuerpo, haciéndome temblar. -Me asustaste-. Le dije girando mi cabeza para mirarlo. —¿Qué pasó? —pregunte de forma inmediata. —Nada malo, no te preocupes, pero debo de irme, Laura tiene que salir y no quiero dejar a mi madre sola —me dice mientras retira sus manos y me regala un peso en ambas mejillas. —¿Te vas conmigo?— termino preguntando. Tuve el reflejo de mirar a Lucas, no entiendo por qué, pero algo en mí decidió quedarse. —Me quedo, mañana te llamo ¿vale?. — Dije mientras le tomaba las manos para luego soltarlo y darle un abrazo. —Vale, cuídate.— Vi como camino entre la gente para llegar a la salida y perderlo completamente de vista. —¿Tu novio?— escucho la voz de Lucas tras de mí. Al girarme pude notar como sus ojos brillaban por las luces del bar. —Andas preguntaron. —Respondí dejando salir una pequeña risa con los brazos cruzados, mientras le sonreía. —Te invito algo... ¿Qué te gusta tomar? —Dijo mientras buscaba con la mirada al Camarero. —No, no Lucas, gracias de todos modos.— —¿Por qué? Deja que te invite. —dice mientras se acercaba el camarero. —Me da un Whisky y un... —hizo una pausa para mirarme. —En serio, estoy bien. — le respondo moviendo los brazos. —ok, solo el Whisky.— Le informa al Camarero, quien con mucha prisa lo prepara frente a nosotros, colocando cuatro cubos de hielo y dejando caer el alcohol hasta cubrir menos de la mitad del pequeño vaso. Mientras daba sorbos a su bebida, no podía evitar ver sus labios, eran gruesos y carnosos, su cabello lo llevaba corto y bien peinado. Saca de su bolsillo un cigarrillo de marihuana, el cual procede a prenderlo dándole una aspirada profunda, tres veces seguidas. —¿Quieres?. —Me pregunta extendiendo el cigarrillo. —Bueno. —Le respondo dudosa. No estaba segura, pero decidí fumar, quizás eso me rebajaría un poco. Aspire profundo tres veces, pero esta vez no me produjo tos, el olor se impregna en mi nariz y el sabor seguía siendo delicioso. —¿Vamos a bailar? — me pregunta Lucas. Pude notar que sus ojos se habían achicado, estaban de un color rojo y brillaban igual que antes o mejor dicho más todavía. Imagino que los míos estaban iguales, los efectos ya se dejaban ver, mi mente se sentía liberada y mi cuerpo se relajaba por completo. Me había olvidado de todo, hasta incluso de lo que Ricky me comentó de tu madre... todo eso se borró. Lucas agarró mi mano y nos dirigimos a la pista de baile, la música electrónica invadía mi cuerpo, no pude evitar moverme al son de la melodía mientras levantaba las manos, veo una sonrisa en su rostro, sus ojos me miran de una forma diferente. Volvemos a fumar haciendo que me pierda en el ambiente, cierro mis ojos para borrar mi mente y olvidar todo. Esta sensación era placentera, todo era perfecto, no había nada que pudiera hacerme sentir tristeza, dolor, todo era felicidad. —Que genial — grité saltando con los brazos al aire sin dejar de mover mi cuerpo. -Me encanta-. — ¿Quieres probar otra cosa?.— Una corriente helada pasó por mis brazos para luego dirigirse a mi espalda y provocar un pequeño temblor. Lo miré, sus pupilas estaban dilatadas, dejando salir una sonrisa picara. No entendí su propuesta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD