Pude sentirlo a través de sus recuerdos… El terror. El asco. No era simple miedo lo que lo estremecía, sino una repulsión que no venía del cuerpo, sino del alma; una sacudida que desgarraba desde lo más profundo de su ser hasta la superficie de su piel, como si cada centímetro hubiera sido profanado por algo que jamás debió tocarlo. Y cuando por fin regresó en sí, cuando el veneno mental de la manipulación mágica comenzó a disiparse como neblina podrida que se escurre entre los huesos, la realidad lo golpeó con la fuerza de mil rugidos contenidos en su pecho, como si su propio lobo despertara con un bramido silencioso, intentando proteger lo que ya había sido arrebatado. Era un Alfa. El que imponía respeto solo con la mirada. El que hacía temblar la tierra al rugir, el líder que no

